El alma del fontanero

En 1968, Joe Cocker abandonó definitivamente su trabajo como instalador de gas en su ciudad natal de Sheffield. Ese año, Cocker estaba en el número uno de las listas británicas con With a little help from my friends. Los autores de la versión original, The Beatles, le enviaron un telegrama de felicitación e incluso pagaron anuncios celebrando su interpretación, donde le respaldaban. Jimmy Page, Steve Winwood y otros instrumentistas ilustres.Ésa es la clave. Cuando Cocker está en buena compañía y tiene una canción en la que puede hincar los dientes, no hay intérprete blanco que pueda hacerle sombra: su fiereza, su intensidad, su visceralidad, llegan a ser intimidantes. Ahora, convertido en artista para todos los públicos, puede resultar increíble, pero Cocker fue considerado en los años sesenta como un loco peligroso. Su maraña de pelos, sus espasmos, sus solos de guitarra invisibles horrorizaban a los padres, que apagaban indignados el televisor. Un show fácilmente parodiable: uno de los éxitos de John Belushi en la tellevisión estadounidense era su imitación de los gestos dementes de Cocker, inmortalizados en la película Woodstock.

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"Debe estar hasta aquí de drogas", se decía. Y no era así. Sus problemas con la heroína comenzaron en 1970, cuando se embarcó en una gira desquiciada que le obligaba a dar 65 conciertos en 57 días. El espectáculo, Mad dogs and englishmen (según aquella frase recogida por Noel Coward de que "sólo los perros locos y los ingleses se exponen al sol tropical), sirvió para la promoción personal de sus acompañantes, pero le dejó convertido en una piltrafa, fuera de la circulación durante un par de años.

Desde entonces, Cocker lucha por superar esa imagen de muñeco roto. Ha ganado hasta un Oscar -por la balada que interpreta en Oficial y caballero-, pero la buena publicidad es eclipsada cuando es detenido borracho al volante o demandado a cara de perro tras romper inopinadamente con sus representantes.

Como le diría su admirado Ray Charles, "la vida es una montaña rusa pero debes evitar quedarte en el fondo del valle".

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 03 de noviembre de 1996.

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