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La carrera del galgo

La Complutense expulsa a un alumno que falsificó las notas de dos cursos

"Me están tratando peor que a un terrorista", acertó a decir el alumno cuando la Universidad Complutense le comunicó su decisión de inhabilitarle a perpetuidad para estudiar en un centro público. Y todo ello por la maestría de este alumno -madrileño de unos 23 años- en el arte de convertir los suspensos en matemáticas en aprobados, notables e incluso sobresalientes. Engañó a todo el mundo.Tras dos años de cates ininterrumpidos en la Facultad de Matemáticas de Sevilla, el alumno ahora expulsado pidió el traslado de su expediente académico a la Complutense de Madrid (pero no para repetir el primer curso, sino para hacer tercero de Matemáticas).

Alegó que anhelaba estudiar una especialidad de la carrera inexistente en la universidad hispalense. Para ello adjuntó un informe académico en el que acreditaba haber superado con buenas notas y mejor conducta los dos primeros cursos de la carrera. La Complutense le creyó, aceptó el traslado de expediente y accedió a matricularle en tercero. Aparentemente, la documentación que aportaba era correcta.¿Cómo lo hizo? Falsificando todo lo falsificable; es decir, autoaprobándose dos cursos completos de un solo tirón, y con buenas notas: muchos notables, algún sobresaliente y varios aprobados. Todo ello, validado con un falso logotipo de la facultad sevillana e imitaciones de las firmas de sus responsables académicos, que, por cierto, se parecían bastante a las auténticas, según fuentes de Educación. Nadie en la universidad madrileña, al menos al principio, sospechó lo más mínimo de la gigantesca mancha que enturbiaba el en apariencia intachable currículo académico.Pero todo era una farsa, según demostró luego el profesor a quien la Complutense encomandó investigar al osado estudiante. Éste descubrió -cuando el alumno ya estaba matriculado en tercero e incluso asistía a clase- que, en todo caso, el chico debía estar en primero, repitiendo. El auténtico expediente del alumno, que le fue remitido al instructor desde Sevilla, era desolador. Ni un solo aprobado, cates y no presentados por un tubo.

Antes de apartarle definitivamente de los estudios, al menos oficialmente, el profesor instructor nombrado para indagar lo ocurrido habló varias veces con el chico. Cuando le mostró por primera vez el falso expediente y le pidió una explicación, el alumno se quedó mudo. No quiso contestar a ninguna pregunta.

Tiempo después, ya con el expediente disciplinario prácticamente acabado, pendiente sólo de que el instructor propusiese al rectorado las medidas que se debían adoptar contra él, volvió a llamarle a su despacho. Esa vez sí habló, pero para decir que la universidad le estaba tratando "como si fuese un terrorista".

El alumno quiso hacer una carrera tan veloz como la del galgo, y no escatimó en argucias. Una argucias que, sin embargo, y aparte de truncar su carrera, pueden acarrearle problemas con la justicia; la Complutense está estudiando llevar este asunto a los tribunales, por si cometió un delito de falsedad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de agosto de 1996