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París exhibe la brutal carnalidad de Bacon

El Centro Pompidou expone una retrospectiva con 86 obras del artista

OCTAVI MARTÍ París "El British Council es el único organismo británico que aún consigue exportar carne hacia Francia",, decía, riéndose, uno de los responsables locales de la exposición sobre. Francis Bacon, que estará abierta, en el Centro Georges Pompidou de París, desde hoy hasta el 14 de octubre. Tras él estaba el tríptico Tres estudios de personajes al pie de una crucifixión, célebre, entre otras razones, por evidenciar que un día el costillar humano bien puede acabar en una carnicería. La muestra incluye 86 obras (79 pinturas y el resto, papel) fechadas desde los años treinta hasta 1992.

Las premoniciones de Bacon son el fruto de un propósito: "Crear imágenes que sean concentrados de realidad". Y también: "Quiero hacer la mejor pintura del grito humano". Y añade aún: "Es muy difícil saber por qué una pintura afecta directamente al sistema nervioso". En el Pompidou se presentan 86 de esos dardos, gritos o cubitos de realidad, 79 de ellos pinturas, y el resto, obras sobre papel.La exposición ha sido concebida por David Sylvester, crítico y amigo personal del pintor. La selección permite un recorrido por la impresionante trayectoria vital y artística de Bacon, desde los años treinta hasta 1992, cuando falleció en Madrid. Los 17 trípticos -entre ellos los dedicados a la muerte de George Dyer, el amigo-amante que se suicidó en 1971- tienen un gran protagonismo.

En los cuadros no es explícito el impacto que causó en el pintor el rechazo de que fue objeto por parte de su padre cuando éste descubrió los hábitos homosexuales del hijo, pero sí lo es, en cambio, el trauma y el placer, el dolor y su bálsamo. Bacon decía que le gustaban los hombres "debido a la calidad de su carne". Los retrata en todas las posiciones, a menudo sacadas de los luchadores de Muybridge, en la tela convertidos en amantes. El alcohol desempeña su papel como tranquilizante. El lo constata cuando dice que "a veces la bebida me ha llevado a ser un poco más libre", o cuando se refiere a "mi vida, esa que llevo entre bares y discotecas. La preocupación por Esquilo o por Shakespeare, por la tragedia más pura, por captar la esencia del drama, ésa puede que sí corresponda al enfrentamiento familiar originario. Se deja traslucir la importancia que la literatura tenía para Bacon. Amaba a los poetas griegos y se reclamaba seguidor de Shakespeare, de Racine, de Proust y de Baudelaire, entre otros. Rechazaba, en cambio, a autores como Claudel y Platón.

Cuatro periodos

La exposición está organizada en cuatro periodos. El primero muestra algunas de las raras telas anteriores a la guerra que han sobrevivido a la furia purificadora de Bacon. Luego encontramos las imágenes de la inmediata posguerra, los personajes escapados del desastre. Entre 1962 y 1970, la imagen se hace tentacular, los cuerpos se enlazan y retuercen, los trípticos proliferan, la pintura se hace más dramática o narrativa. Un grupo de seis obras triples, realizadas entre 1971 y 1976, iluminado con luz natural, constituye, según David Sylvester, el núcleo de la antológica, con los retratos de Dyer, Edwards y él mismo. Los grandes cuadros del último periodo, con sus grandes superficies de colores contrastados y rostros que se desvanecen, paisajes cada vez más relacionados con la fisiología -lavabos, retretes- cierran el recorrido. La idea de relacionarlo con el de Lucien Freud a partir de la estricta militancia figurativa aparece como muy forzada.Bacon decía admirar a Pablo Picasso, Rembrandt, Velázquez, Dégas, Cimabue o Miguel Angel, y detestar a Vermeer o La Gioconda. Viendo su trabajo se comprenden perfectamente sus preferencias, incluso las que parecen más difíciles de conciliar con su personalidad u obra.

La exposición genera la edición o reedición de numerosos libros, entre ellos un catálogo espléndido y volúmenes de Leiris, Kundera y Sollers. Carlos Freire expone sus fotografía del pintor, y en el propio Pompidou programan un ciclo de películas en las que el artista o sus cuadros desempeñan un papel importante. Sólo se echa en falta, de antemano, una enésima posición de The last tango in Paris (El último tango en París), la película de Bertolucci que le debe tanto al mundo y los colores de Bacon -explícitamente citado en los títulos de crédito- como a Marlon Brando.

El horror

Nacido en 1908 en Dublin, de padres ingleses, Bacon, habrá retratado el horror del siglo, ha intuido en su pintura lo que tienen de especial los últimos cien anos cuando se habla de muerte. Sus cuadros son sangrientos, con cuerpos humanos convertidos en carne, bocas abiertas hasta lo imposible. Los personajes proceden de la vida moderna, con una marcada predilección por los interiores oscuros.Bacon decía que lo que más detestaba en la pintura era que pudiese acabar sirviendo para decorar interiores. Era un oficio que conocía por que él mismo trabajó como decorador de éxito hasta que pudo dedicarse a pintar. El deseo de pintar lo descubrió en 1928, en París, al ver cuadros de Picasso. De este primer período se han conservado pocas obras y en ellas la sombra de Picasso es en realidad excesiva. El resto es Bacon puro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de junio de 1996