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Editorial:

Retoques

SEIS MESES ha dejado correr Jordi Pujol, desde las elecciones autonómicas que revalidaron por quinta vez su mayoría, para acomodar la composición de su Gobierno a las necesidades de la nueva legislatura. El presidente catalán ya reconoció entonces que debería esperar hasta las generales de marzo para hacer algunos retoques en el Consejo Ejecutivo. No obstante, adelantó enseguida un único y significativo cambio al nombrar a Xavier Trias como consejero de Presidencia, con el objetivo básico de dialogar con la oposición socialista y lidiar con un Parlamento en el que CiU ya no cuenta con mayoría absoluta.Finalmente, Pujol ha realizado unos retoques en su Gobierno, consistentes en la fusión de dos carteras -la de Industria y la de Comercio y Turismo- y la entrada de dos nuevas caras en la mesa del Consejo, en Medio Ambiente y en Enseñanza. El presidente catalán quería eliminar Bienestar Social, y con él a su consejero, Antoni Comas. Pero no ha podido resistir la enorme presión conjunta de las, asociaciones y colectivos que se benefician de la política de ayudas y subvenciones y de la plana mayor de su propio partido, temerosa de perder un departamento cuya acción influye y penetra en sectores sociales alejados del mensaje convergente. La oposición lo ha considirado tradicionalmente como un mecanismo clientelista y electoralista. Los buenos propósitos de reducción de carteras, anunciados en nombre de la austeridad presupuestaria, han quedado así demediados.

En estas modificaciones, Unió Democrática de Catalunya, el socio de coalición de Pujol, ve reconocido su creciente protagonismo en la actual etapa española del pacto de gobernabilidad con el PP. Deja el departamento de Comercio y Turismo, de escaso presupuesto y peso específico, por el de Enseñanza, un área de enorme dotación económica en la que la Generalitat cuenta con competencia exclusiva y que permite tutelar la escuela privada y confesional.

El cuadro general se mantiene estático. La acción más sustancial de gobierno sigue a cargo del propio presidente, y más desde que Pujol se ha hecho personalmente cargo de la relación con Madrid al empezar la etapa de pactos de gobernabilidad, antes con el PSOE, ahora con el PP. Pero la alianza con Aznar conduce a Pujol en Cataluña a desplazarse hacia la derecha, con el peligro de dejar huecos en el centro, base de su larga permanencia en el poder. Las ideas surgidas a su izquierda se inspiran en El Olivo italiano para tratar de fraguar una alternativa de gobierno. De ahí el inmovilismo y la lentitud de sus decisiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de junio de 1996