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FERIA DE SAN ISIDRO

Casta, casta, casta

Casta. Eso es lo que hubo: casta. Y resultó una interesante función. Casta brava de los toros de Cuadri. Casta y trapío. El toro íntegro por fuera y por dentro, al derecho y al revés. Esta es la fiesta. En habiendo toro -que diría el poeta-, todos de acuerdo.Todos menos los taurinos, naturalmente. A los taurinos eso del toro de casta les suena a música celestial (o, con mayor propiedad, a fanfarria del Averno). El toro de casta -más si tiene trapío y no se cae; esas cosas que da la madre naturaleza- trae muchos peligros, problemas, sudores, fatigas. El toro de casta puede coger y, en un momento dado, va y coge. Le ocurrió a Manolo Mejía que entró a banderillear al primero y el arreón que le metió arrojándole al suelo le dejó fuera de combate.

Cuadri / Esplá, Mendes, Mejía

Toros de Celestino Cuadri, con trapío y mucha casta, menos bravura, varios mansos; nobles en general, Y premiado con vuelta al ruedo.Luis Francisco Esplá: cinco pinchazos, rueda de peones -aviso-, media ladeada y descabello (silencio); pinchazo, otro hondo trasero ladeado y descabello barrenando (ovación y salida a los medios); tres pinchazos, estocada trasera, rueda de peones -aviso- y dos descabellos (ovación y salida a los medios). Victor Mendes: dos pinchazos, estocada corta trasera saliendo arrollado -aviso- y dobla el toro (silencio); dos pinchazos, estocada y descabello (silencio); media (silencio). Manolo Mejía: lesionado al banderillear al 1º. Sufre herida en la cabeza, contusiones y conmoción, pronóstico reservado. Plaza de Las Ventas, 5 de junio. 26ª corrida de feria. Lleno.

Mano a mano Espla-Mendes quedó el festejo por este percance y ambos diestros se siguieron cediendo banderillas, no se sabe muy bien para qué. Juntos o por separado hicieron el rídículo Banderilleros seguros y lucidos tantas tardes, con el toro de casta no podían. Ni un solo par en condiciones consiguieron reunir. En cuanto Concierne a sembrar de banderillas el suelo, en cambio, lo hicieron de lujo.

Concluido el tercio del según do, en el toro había dos banderillas, en la arena cuatro. Concluido el del tercero, la misma distribución. Para cuartear tres pares al cuarto, Mendes necesitó entrar ocho veces, y al sexto le prendió los palos a cabeza pasada. Esplá se abstuvo de banderillear al quinto, Dios se lo premie con una buena novia.

La afición se lo premió también. Por esta y otras razones de no menor fuste la afición se había hecho partidaria de Luis Francisco Esplá, y el diestro correspondió a la espléndida acogida con torería de la buena. La afición, en el fondo, es esplasista, y no caprichosamente sino porque el titular de la causa ha exhibido en esta plaza su oficio, su magisterio y su vergüenza torera.

Ya viene de antiguo. Por eso cuando Esplá, muy crispado ante las encastadas acometidas del primero, se relajó en el tercero -que era un toro buenísimo-, y lo pasó tranquilo por naturales, con suavidad en los redondos, se adornó mediante el afarolado, aderezó de aromas toreros el cambio de mano y el de la firma, ya le querían dar la oreja, quizá dos; y si no hubo ninguna se debió a que el matador tenía la, tarde fallona en el manejo de los instrumentos cortantes y punzantes.

Le sucedió otro tanto en su faena. al quinto, que fue ovacionada, aclamada y piropeada. Pocas veces se habrá visto algo parecido: los del 7 diciéndole cosas bonitas a un torero, los del de parecido tenor. "¡Ole los toreros buenos!", gritaron acá; "¡Esto es el toreo, coño!", allá. En cambio al toro no le decían nada, qué coño; como si estuviera puesto allí por el ayuntamiento. Cuando el toro resultó colaborador magnífico, y algunas fases mediocres, algunas destemplanzas de aquella faena con gusto construida, se entendían poco teniendo en cuenta su encastada nobleza.

La casta de los Cuadri estuvo por encima de los toreros. La casta de los Cuadri, con la que no se acopló Mendes en sus faenas vulgares y repetitivas -le dio por el derechazo al portugués- propició las excelencias del espectáculo. Lo cual no desdecía la mansedumbre -muchos toros se dolían al castigo, se quitaban el palo, huían de la acorazada asesina- y tampoco hubo un toro bravo a carta cabal. Ni siquiera el premiado con la vuelta al ruedo.

Pero ya se sabe lo que es Madrid por la isidrada: el triunfalismo, la exageración, el desmadre, la desconcatenación de los exorcismos. En fin, acaba ya la feria, se irán con viento fresco los isidros y Las Ventas volverá a ser la primera plaza del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 1996