Inmigrantes ilegales

THE WASHINGTON POSTEl Congreso ha eludido hasta ahora la espinosa tarea de fijar el número de inmigrantes que puede absorber Estados Unidos cada año y de señalar los colectivos que deben tener preferencia. Se trata de asuntos quizá secundarios en un año electoral. Pero las fuerzas políticas no pueden aflojar el control de la inmigración ilegal, que cuenta con pocos simpatizantes y ningún grupo de presión detrás de sí. Y eso es precisamente lo que ha hecho el Senado esta semana.

Las disposiciones de la Cámara no son en absoluto novedosas y, en general, redoblan los esfuerzos para hacer más difícil a los extranjeros indocumentados entrar en el país y trabajar. No han faltado críticas a dos disposiciones que figuran tanto en la ley de la Cámara de Representantes como en la del Senado. La primera desarrollará los programas piloto ya en curso y pondrá a prueba el sistema de los empresarios para determinar la elegibilidad de quienes optan a un puesto de trabajo. No compartimos los temores de que estos programas amenacen las libertades ciudadanas.

La segunda ley hará realidad el sobreentendido por el que quienes apoyan a los inmigrantes son responsables de evitar que accedan a cargos públicos. ( ... )

La disposición del Senado no crea problemas ni a la Casa Blanca ni a nadie que, como nosotros, piense que esta legislación será efectiva si aspiramos a mantener una política amplia de inmigración.

7 de mayo

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