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Israel bombardea el cuartel general de Hezbola en Beirut por primera vez en 14 años

Una serie de ataques aéreos -con resultado de al menos 5 muertos y 13 heridos- contra objetivos guerrilleros en Líbano, incluyendo el bombardeo de la base de Hezbolá en Beirut, transmitieron ayer un inconfundible mensaje de Israel al más firme aliado de Siria: si los habitantes del norte israelí siguen siendo blanco de cohetes Katyusha, nadie en Líbano debe sentirse seguro. Al término de una de las más violentas jornadas en los últimos años, sobre Israel y Líbano se cernía anoche el peligro de un nuevo conflicto que puede afectar al proceso de paz en Oriente Próximo. El primer ministro israelí, el laborista Simón Peres, dijo ayer que "no habrá paz en Líbano sin paz para los habitantes del norte de Israel".

El jefe de la región militar de Israel norte, el general Amiram Levine, anunció que los ataques contra las posiciones del movimiento Hezbolá se pueden prolongar "durante varios días". "Hoy, viernes", añadió, "las escuelas [israelíes] permanecerán cerradas. La semana próxima ya avisaremos". El efecto psicológicamente más importante de la acción israelí de ayer fue el bombardeo de una de las instalaciones de Hezbolá en un suburbio del sur de la capital libanesa.Helicópteros artillados desplegados en el Mediterráneo se lanzaron sobre el populoso barrio de Haret Hreit y demolieron a bombazos un edificio donde supuestamente funcionaba el mando central de la guerrilla shií contra la ocupación israelí del sur de Líbano. Un hombre de 65 años pereció y por lo menos cinco civiles resultaron heridos en esta operación relámpago, que, por su penetración más que por su precisión, trajo recuerdos de los mortíferos bombardeos aéreos durante el asedio de Beirut poco después de la invasión de Líbano en 1982.

Horas antes, cazabombarderos israelíes atacaron una base de Hezbolá en la ciudad de Baalbek, en el valle de la Bekaa, bajo control de tropas sirias, y en las promixidades del puerto de Tiro. Helicópteros artillados bombardearon la carretera que une la capital con la ciudad de Sidón, 40 kilómetros al sur, matando a un automovilista e hiriendo a cuatro personas. En uno de los ataques, los helicópteros demolieron un puesto del Ejército líbanés cerca de Tiro, e informes de Beirut mencionaban que un soldado libanés resultó muerto.

Con la intención obvia de demostrar máxima determinación, las fuerzas navales israelíes despacharon cañoneras equipadas con misiles a la costa libanesa, pero ninguna entró en acción.

Era precisamente esa inmovilidad en el terreno lo que llevaba anoche a pensar que, en los planes israelíes, la fuerte ofensiva aérea de ayer se iba a limitar a una contundente advertencia a Beirut sin ser necesariamente el prólogo de una operación a gran escala que terminaría succionando tropas al pantano libanés.

Toda conjetura resulta, sin embargo, arriesgada. Sorpresas abundan en la turbulenta historia de Oriente Próximo, particularmente en la del conflicto entre Israel y Líbano.

Siria habla de agresión

Previsiblemente, las reacciones de Siria y Líbano quedaron confinadas al campo de la retórica, así como los llamamientos de los gobiernos de Washington y París a impedir que la intensificación de las hostilidades degenere en una nueva guerra. "Lo que Israel ha hecho hoy en Líbano sólo tiene un nombre: agresión", dijo la radio de Damasco, "y esta agresión y estos actos de terrorismo van a tener consecuencias que van a dañar el proceso de paz. Esta agresión contra la población civil jamás puede ser justificada".

Rafic Hariri, el primer ministro libanés, cuyo poder descansa tanto en sus millones como en su estrecho vínculo con Siria -que mantiene cerca de 40.000 soldados en Líbano-, acusó a Israel de crear un círculo vicioso de violencia de duración indefinida. Los ataques de ayer, declaró Hariri, van a provocar más operaciones guerrilleras. "Si los israelíes quieren bombardear Beirut, pueden hacerlo. No tenemos las fuerzas suficientes para impedirlo. Pero esto no solucionará el problema de la ocupación del sur deI Líbano", dijo Hariri.

En consonancia con la postura de Siria, Hariri reiteró que su Gobierno no va a tratar de contener a la guerrilla que lucha contra la ocupación.

El máximo jefe de Hezbolá, el jeque Hasan Nasralah, prometió anoche venganza por los ataques israelíes. "Responderemos a la agresión de hoy bombardeando los asentamientos [judíos] en el norte de Palestina. No diré cuándo, tal vez esta noche o mañana, o en cualquier otro momento. Tendrán que esperar", aseguró en una alocución televisada. El líder de! Hezbolá fue más lejos al decir que 1a respuesta" de su guerrilla dejará "anonadado" al primer ministro israelí.

Portavoces oficiales en Israel dijeron que el Ejército continuará golpeando a Hezbolá, que en los últimos días lanzó andanadas de cohetes Katyusha contra el norte israelí causando 36 heridos, todos leves. Altos mandos militares confirmaron la impresión de que la nueva táctica israelí es poner presión sobre el Gobierno de Beirut a fin de que neutralice de una vez las actividades de Hezbolá.

"La intención primordial es golpear a Hezbolá. Luego, hacer que el Gobierno de Beirut entienda que no es posible tener una situación en la que los ciudadanos de Baalbek vivan tranquilos mientras sobre los del norte de Israel caen los Katyusha", dijo el ministro de Exteriores israelí, Ehud Barak.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de abril de 1996

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