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Editorial:

Hay más fórmulas

SI EL Rey se viera obligado a disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones estaríamos, con independencia de quienes fueran responsables de ello, ante un grave fracaso colectivo. Se prolongaría aún más el periodo de interinidad y se aplazarían decisiones que son muy urgentes. Y es probable, además, que en la nueva consulta se produjeran unos resultados muy similares a los del 3-M, lo que sin duda sumiría al país en el desconcierto y la incertidumbre. El modelo italiano es todo menos modélico. Por tanto, es necesario un acuerdo político que permita formar un Gobierno, y a éste, gobernar al menos durante uno o dos años. Transcurrido ese plazo podría reconsiderarse la situación, bien mediante alguno de los mecanismos constitucionalmente previstos -moción de censura o cuestión de confianza-, bien, si no hay más remedio, mediante una nueva consulta electoral. Entonces, el resultado no tendría ya por qué ser una repetición del que ahora plantea tantas dificultades.Lo lógico es que ese Gobierno fuera encabezado por Aznar, como candidato del partido más votado. Pero no es exacto, como pretende él, que los españoles hayan decidido que él sea el presidente o que no haya "fórmula de gobierno que no pase por el PP". Porque hay opciones que no incluyen al PP; cabe, además, que, si Aznar no logra la investidura, el Rey designe otro candidato del PP que no sea él. Incluso existe la posibilidad constitucional de un Gobierno de gestión encabezado por un independiente, como el de Dini en Italia, que ni siquiera tiene que ser diputado.

Para que Aznar supere la investidura no basta la abstención de CiU si el PSOE e IU votan en contra, como han anunciado. Como mínimo necesita el respaldo de la Coalición de Pujol y de Coalición Canaria o el PNV (lo que daría 176-177 votos). Incluso cabe la rocambolesca posibilidad de que Anguita decida llevar la lógica de la pinza hasta sus últimas consecuencias (lo que agruparía 177 votos). Él mismo la ha considerado descabellada.

En segunda votación le sería suficiente la mayoría simple, que alcanzaría automáticamente si el PSOE se abstiene. Tal posibilidad, aunque descartada de entrada por González, podría acabar imponiéndose en el marco de un acuerdo más amplio, como ya ha sugerido el representante de CiU, Joaquim Molins. Con tina abstención consensuada entre varias fuerzas en aras de la gobernabilidad, CiU no tendría que asumir con un voto positivo toda la responsabilidad de convertir a Aznar en presidente. La mayoría simple la obtendría también un candidato socialista que contase con el respaldo de IU y la abstención de las formaciones nacionalistas o con la abstención de IU y el respaldo de esas formaciones (CiU, PNV, CC, ERC, EA y BNG). Que algo sea posible para nada significa que sea deseable. Pero haría mal Aznar en, plantear la negociación en términos de órdago. Porque, aparte del adelanto electoral, hay otras combinaciones. Y ya debería estar escarmentado por órdagos fallidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de marzo de 1996