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MAESTRO DE ARQUITECTOS

Muere el arquitecto Alejandro de la Sota cuando preparaba la ampliacion de su obra emblemática

Hasta el último momento estuvo trabajando en sus proyectos depurados y sencillos

El arquitecto Alejandro de la Sota, de 82 años, fallecido el miércoles en Madrid, fue incinerado ayer y sus cenizas se depositarán en el panteón familiar de Pontevedra, donde nació en 1913. Pese a su salud quebrantada desde hace una década, el más influyente, maestro de la arquitectura española de la segunda mitad del siglo, seguía en activo. En sus 40 años de actividad marcada por el rigor y la sencillez, deja obras maestras como el Gobierno Civil de Tarragona y el gimnasio del colegio Maravillas, de Madrid. Obtuvo el reconocimiento y el homenaje público, con la medalla de oro de las Bellas Artes en 1986 y la medalla de oro de la Arquitectura en 1988.

El arquitecto Alejandro de la Sota, de 82 años, falleció en la tarde del miércoles mientras estudiaba unos planos. Su colega y amigo Julio Cano Lasso dijo ayer en el tanatorio que "había muerto en la brecha". Tenía el encargo de ampliar el colegio Maravillas, de Madrid, donde había proyectado en 1961 el gimnasio, una de sus obras maestras, elogiada por Mies van der Rohe durante su viaje a Madrid en el verano de 1965.De la Sota obtuvo el título de arquitecto en, la Escuela de Madrid en 1941 y el de doctor en 1965. En la misma escuela fue profesor de Proyectos entre 1956 y 1972. En su estudio se formaron profesionales de siguientes generaciones, como Juan Navarro Baldeweg, Manuel Gallego, Víctor López Cotelo, Carlos Puente o Francisco Alonso.

Su trabajo en obras y proyectos -también realizó diseños de sillas y mesas- comenzó con el pueblo de Esquivel (Sevilla) en 1955. Autor también del poblado de absorción de Fuencarral, sus edificios incluyen. diversas tipologías. Junto a las viviendas sociales en Santander, Salamanca y Pontevedra y diversas viviendas unifamiliares, realizó el Gobierno Civil de Tarragona, la residencia infantil de Miraflores de la Sierra, la central lechera Clesa, el pabellón polideportivo de Pontevedra, el colegio mayor César Carlos, de Madrid; el Centro de Cálculo para la Caja Postal, de Madrid, y el edificio de Correos de León.

El arquitecto Carlos Puente ha sido testigo del último trabajo en su estudio. "Sobre la mesa de su estudio tenía un nuevo encargo que le llenaba de ilusión. Ya se había puesto al trabajo con la alegría de un principiante. Se trataba otra vez, 35 años despues, del colegio Maravillas. Junto a una de sus obras más queridas y más conocidas, el gimnasio iba a construir una ampliación del colegio. La muerte, que siempre es injusta, lo es también ahora y nos priva con seguridad de una obra maestra".

Carlos Puente añade que "desde hoy la arquitectura es más pequeña". "Se ha ido con sencillez, tal como él quería que fuese su arquitectura. Más tarde hablaremos de su magisterio, de su huella. Ahora importa más el dolor por la pérdida de la persona".

Referencia

"Quedan pocas referencias vivas de la arquitectura", declaró ayer el arquitecto Manuel. Gallego, colaborador de De la Sota. "En España ninguna tan clara como Alejandro de la Sota, en donde la vida, la pasión por la arquitectura, la razón y la sensibilidad se entercruzan tanto y son tan difíciles de separar. Los que le hemos tratado y hemos sido sus alumnos sabemos de su poder de seducción, difícil saber dónde termina el hombre y dónde empieza la obra. Quizás por ello su legado más importante sea precisamente su actitud ante la arquitectura. Su ausencia deja un vacío. Pienso que se llenará con el estímulo de su recuerdo".En una de sus escasas apariciones públicas., Alejandro de la Sota presentó su montaje de una amplia exposición de Mies van der Rohe en la sala de la arquería de los Nuevos Ministerios de Madrid, con la presencia de 150 dibujos, planos y maquetas. El arquitecto dijo que Mies había tenido una gran repercusión en los arquirectos españoles de posguerra. "Mies, como los destacadísimos arquitectos de principios de siglo, fueron, afortunadamente, nuestros grandes maestros. Con cinco o seis de ellos llenamos, yo al menos, las ansias de hacer arquitectura con algún fundamento verdaderamente serio. Estos grandes maestros no son para copiar, como tantos de una manera ligera han creído, sino que son para entender".

En otra ocasión, cuando recibió la medalla de oro de la Arquitectura en 1988, hizo una advertencia para vigilar las construcciones contemporáneas: "mientras nos sentimos tan acogidos en lo que el patrimonio nos cuida, olvidamos lo que a nuestros ojos se está construyendo, por nosotros mismos, y, luego, con gran sorpresa, nos lo encontramos rematado y listo para vivirlo y sufrirlo. Quizá sea más patrimonio una playa inmaculada que la vieja plaza de su ciudad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de febrero de 1996