La difícil ratificación del START-2
El presidente ruso, Borís Yeltsin, declaró ayer que tratará de convencer a la Duma Estatal, la Cámara baja del Parlamento, de la necesidad de ratificar el tratado START-2, acuerdo con el que EE UU y Rusia se comprometen a reducir sustancialmente sus armas nucleares estratégicas. Yeltsin afirmó que le había dicho al presidente norteamericano, Bill Clinton, durante su conversación telefónica del viernes, que esperaba "hacer ratificar el tratado" antes de la reunión sobre seguridad nuclear que el grupo de los siete países más industrializados (G-7) piensa celebrar en abril de este año en Moscú.Rusia no forma parte del G-7, pero desea que el grupo se amplíe y acepte a Moscú. "Rusia ya ha ingresado en el Consejo de Europa y ahora debería acceder al grupo de los Estados más poderosos", manifestó Yeltsin.
Las declaraciones del líder ruso se produjeron al día siguiente de que el Senado norteamericano ratificara el START-2. En cumplimiento del tratado, para el año 2003 Estados Unidos y Rusia deberán haber reducido sus armas estratégicas a 3.000-3.500 cabezas nucleares. La tarea que se ha impuesto Yeltsin es dificilísima, si no imposible. La izquierda y los nacionalistas están en contra de ratificar el START-2, ya que consideran que este tratado, firmado el 3 de enero de 1993, va contra los intereses de Rusia.
Yeltsin presentó el proyecto de ley de ratificación del START-2 en junio pasado por segunda vez -la primera variante se quemó durante el cañoneo del Parlamento que ordenó el presidente en octubre de 1993-, pero los expertos concluyeron ya entonces que las posibilidades de aprobar dicha ley eran nulas, dada la composición de la Duma. Y las elecciones de diciembre de 1995 han reforzado a los opositores del mencionado tratado. Los comunistas, primera fuerza política, están categóricamente en contra de la ratificación del START-2 mientras la OTAN no renuncie a expandirse hacia el Este.
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