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Major propone la elección de una Asamblea autónoma para negociar con ella el proceso de paz en el Ulster

El primer ministro británico, John Major, aceptó ayer con deportividad la recomendación esencial de la comisión Mitchell de que abandone su exigencia de desarme de los grupos paramilitares del Ulster, como condición previa al inicio de negociaciones políticas. Sin embargo, Major contraatacó proponiendo otra alternativa para desbloquear el proceso de paz: unas rápidas elecciones en la provincia para elegir una Asamblea autonómica. Sólo ese organismo devolverá la confianza al Ulster, vino a decir Major, y permitirá que siga en marcha el proceso de paz. Los partidos republicanos reaccionaron con furia ante lo que consideran una nueva condición previa por parte de Londres para negociar el futuro de la provincia.

Una y otra propuesta, la de la comisión Mitchell pidiendo a Londres más realismo para afrontar el contencioso sobre el desarme, y la de Major proponiendo una fórmula alternativa para desbloquear el proceso de paz, son piezas de una misma estrategia destinada a complacer un poco a todas las partes en conflicto.La intervención de Major despertó el entusiasmo de David Trimble, líder del Partido Unionista del Ulster, que se ha mostrado como un leal colaborador del Gobierno conservador en los últimos meses. "Este es el único camino posible", dijo Trimble refiriéndose a la nueva Asamblea que no goza, sin embargo, de especiales simpatías por parte de los partidos republicanos. En cambio, la reacción de Gerry Adams, líder del Sinn Fein, brazo político del IRA, fue fulminante: "John Major actúa con mala fe al sustituir una condición previa por otra". John Hume, líder del partido católico más importante del Ulster, (SDLP) no fue menos crítico con el primer ministro británico, al que acusó de "llevar 17 meses perdiendo el tienipo". Horas antes habían vivido los líderes republicanos del Ulster su momento de satisfacción cuando el ex senador norteamericano, George Mitchell, en su calidad de responsable de la comisión internacional leyó su breve texto de recomendaciones dirigidas a Londres, Belfast y Dublín.

Resumidas en seis puntos, las recomendaciones -"nuestras y sólo nuestras", tal y como Mitchell recalcó- aceptan como un hecho incuestionable que no puede haber desarme de los paramilitares antes de que los partidos del Ulster se sienten en torno a una mesa negociadora, por falta de voluntad de los grupos que las poseen. Como fórmula sustitutoria "más realista", la comisión propone que se inicie primero el diálogo antes de proceder al decomiso de las armas.

Una primera lectura del breve documento inclina a pensar que la comisión, en línea con el espíritu que presidió la visita de diciembre a Belfast del presidente de EE UU, Bill Clinton, coincide plenamente con la objeción republicana a la pretensión. de Londres. Buena muestra de ello es la satisfacción con que Gerry Adams acogió la recomendación de la comisión. Tanto Adams como John Hume, han calificado siempre de "condición previa inaceptable" o "tonta", según los casos, la exigencia de Londres.Esfuerzo a los armados

Esto no significa que la comisión no reclame un esfuerzo importante a los que todavía conservan las armas. Para empezar pide medidas eficaces y concretas para evitar que el IRA continúe su política de intimidación en las áreas católicas del Ulster, con palizas y "asesinatos de castigo". Sin embargo, la intervención de los tres miembros de la comisión dejó un sabor amargo en los partidos pro unionistas. "No veo nada nuevo en este informe" dijo David Trimble, que se manifestó "decepcionado" por el resultado de una investigación en la que han trabajado por espacio de más de mes y medio los tres miembros.

Tanto Mitchell, como el ex primer ministro finlandés Harri Holkeri, habían presentado las recomendaciones con total modestia. "No tenemos ninguna fórmula mágica", había dicho Holkeri, "pero la solución está en la gente".La respuesta del Gobierno británico llegó apenas unas horas después, sin que la línea moderada adoptada por Major constituyera una sorpresa para nadie. Horas antes de que el primer ministro se presentara ante los diputados del Parlamento de Westminster, su secretario de Estado para Irlanda del Norte, Michael Ancram, había mostrado ya la buena disposición del Gobierno conservador a las propuestas entregadas el martes a Major. El primer ministro lamentó, no obstante, que la comisión no vea viable ni realista la exigencia de Londres de que los grupos armados arrojen cuanto antes sus armas. Pese a ello, "nosotros seguiremos presionando para que inicien ese proceso cuanto antes", precisó Major.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de enero de 1996

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