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Un inventor denuncia a Conde y varios de sus socios por apropiación de patentes

Antonio Ibáñez de Alba, ingeniero industrial, ha presentado una denuncia penal ante el Juzgado de Guardia de Madrid el pasado miércoles contra Francisco Cuesta, Mario Conde, Pedro Pueyo, Fernando Gárro, Enrique Lasarte y César de la Mora, socios de la empresa Valores Antillanos, por apropiación de patentes aportadas por el denunciante a la sociedad. Ibáñez de Alba es un inventor que fue contratado por Conde oficialmente en junio de 1995 para desarrollar una serie de inventos para su posterior explotación comercial. El asunto lo llevará el Juzgado número 12, que deberá ahora decidir si admite a trámite la denuncia y emprende las correspondientes diligencias.

Valores Antillanos era una sociedad de Mario Conde que fue fundada en los años ochenta. Con escasa actividad, empezó a desarrollar ciertos movimientos en 1994. Su domicilio social está en la madrileña calle de Alcalá Galiano número 4. Se trata del domicilio, de Asesores en Derecho, el bufete de Mariano Gómez de Liaño, abogado y presunto socio de Conde.Hacia el mes de marzo de 1994 un contratista de Ciudad Real llevó a la finca del ex presidente de Banesto La Salceda, a una persona para presentarle. Se trataba de Antonio Ibáñez de Alba, ingeniero industrial que ha conseguido varios galardones por sus inventos. Entre los más importantes galardones se cuentan la invención de palmeras artificiales a partir de raíces químicas.

Este hallazgo, que se probó en Las Palmas de Gran Canaria en 1992 y 1993, fue desarrollado en el marco de las investigaciones del proyecto Eureka de la UE. Recibió el primer premio mundial a la investigación, que fue entregado en Bruselas hace ya un par de años. Antonio Ibáñez'de Alba, vecino de Ciudad Real y socio de la empresa Futuro, Investigación y Desarrollo, también recibió la medalla de la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) con sede en la ciudad suiza de Ginebra.

Fax de alta tecnología

El primer encargo que le hizo Conde, en el encuentro de La Salceda, en marzo de 1994, tenía que ver con un ingenio que estaba investigando Ibáñez de Alba. Se trataba de desarrollar el prototipo de fax de alta velocidad. La idea de Antonio Ibáñez de Alba era que se podían enviar documentos con un tiempo de utilización de línea telefónica, notablemente menor (de 20 minutos, por ejemplo, a un minuto). El prototipo permitía, pues, un ahorro de costes respecto a los aparatos vigentes en el mercado nacional actual. Técnicamente, se trata de comprimir la información a enviar y descomprimirla posteriormente, una vez que la transmisión por vía telefónica acaba.

El ingenio se probó entre La Salceda, de una parte, delante de testigos, y el domicilio, en la localidad de Porzuna, del contratista que trabajaba para Conde, Gorgonio Campos, el hombre que había presentado a Ibáñez de Alba al ex banquero. El aparato funcionó y se consiguió reducir, según era el objetivo, el tiempo de transmisión telefónica de 20 minutos a un minuto. Sin embargo, no pudo repetirse ese mismo día la prueba porque la línea telefónica sufrió cortes.

Conde se mostró satisfecho y pidió a Campos que le diera un talón de un millón de pesetas a Ibáñez de Alba a cuenta de trabajos futuros para la fabricación de un prototipo de fax de tercera generación. El dinero fue pagado en negro. Las relaciones entre Ibáñez de Alba y Mario Conde conocieron, posteriormente, una formalización el 15 de junio de 1995, cuando el inventor y Fancisco Cuesta, administrador personal de Mario Conde y administrador único de la sociedad Valores Antillanos firmaron un contrato. En este contrato se especificaba que el inventor cobraría un sueldo mensual de 300.000 pesetas, que los inventos serían aportados a la sociedad y que "el inventor tendrá derecho a percibir de la sociedad el 10% de los rendimientos netos que ésta obtenga de las patentes cedidas y desarrolladas por éste".

Ibáñez de Alba cobró otras cantidades en dinero negro, según relata en su denuncia. A la firma de un segundo contrato de fecha 12 de julio de 1995, cobró en negro seis millones de pesetas en la entidad Monte Caja de Huelva y Sevilla. El dinero fue entregado por Cuesta en presencia de Mario Conde y Fernando Garro, según la denuncia. Los resultados de la investigación, según Ibáñez de Alba, condujeron a aportar a la sociedad Valores Antillanos una serie de productos:

-Sistema de identificación mediante reconocimiento óptico de huellas digitales.

- Sistema inteligente de asistencia para decisiones arbitrales.

- Sistema personal de guía ciudadana (callejero electrónico).

- Zapatillas inteligentes.

- Parche de aplicación de insulina para diabéticos.

La ruptura entre Conde e Ibáñez de Alba sobrevino en noviembre pasado. Ibáñez de Alba, según declaró a EL PAÍS, viajó a Sevilla a la finca Los Carrizos para exhibir algunas de las invenciones. Sobre todo, a Conde le interesó una sobre un sistema de "transmisión de radiación eléctrica en el espacio sin hilo conductor".

Luz sin cable

Ibáñez de Alba hizo la demostración en la bodega de Los Carrizos ante Mario Conde; su esposa Lourdes Arroyo; la esposa de Arturo Romaní; el hijo de Arturo Romaní; el administrador de Los Carrizos, Gonzalo del Río; y el capataz de la finta, Agustín González. Se trataba, mediante un aparato, de encender un tubo fluorescente a una distancia de dos metros sin cable. La energía, en este caso, sería transmitida a través del aire. Se hizo la luz. El invento funcionó.

Parece que esta prueba animó a Conde a replantearse la relación laboral con Ibáñez de Alba. En otros términos, según este último, se decidió a despedirle. La cerradura del despacho que ocupaba en el edificio de la calle Gobelas de La Florida, a las afueras de Madrid, fue cambiada y se le obligó a no volver al edificio. Eso sí, pudo volver a recoger sus cosas horas después.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de enero de 1996

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