Vargas Llosa y el Estado de bienestar
Lástima que el rigor analítico que muestra Mario Vargas Llosa como reformador social no esté a la altura de sus excelsas cualidades como novelista (véase EL PAÍS del 3 de diciembre, 1995). ¿Pues no pretende el ilustre escritor nada menos que acabar con el Estado de bienestar o Estado benefactor, al que califica de "peligro intermediario" y de voraz "hidra"? Con todos los respetos, en vez de acumular en un totum revolutum aspectos y problemas tan diversos como los que mezcla en su retórico artículo, no le vendría mal documentarse algo más.En efecto, y ya que invoca la experiencia británica de Margaret Thatcher, cabría modestamente sugerirle que hojee el ejemplar trabajo The State of welfare (Clarendon Press; Oxford, 1990) elaborado por destacados especialistas en la materia de la London School of Economics, donde quizá pueda percatarse de la complejidad del fenómeno del Estado benefactor y de sus muchos logros.
En particular, su decisivo papel para amortiguar el impacto de la crisis y reformas económicas de los años setenta y ochenta, porque ¿qué hubiera podido ocurrir, con los elevados niveles de paro del periodo, de no haber existido esa red de seguridad?
Así que ni ficción proliferante ni camisa de fuerza ni quimera social ni fábula, sino sólida institución propia de las sociedades civilizadas que puede ser a la vez equitativa y eficiente. Ello sin perjuicio de que (a tenor de ser circunstancias financieras, demográficas, etcétera) haya que someterla a las modificaciones necesarias para atajar posibles excesos y abusos, y para asegurar su viabilidad.-


























































