Cartas al director
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Cándidos

No sé cómo reaccionarían los espectadores que recientemente fueron al teatro de la Comedia de Madrid ante un actor de raza negra que se pintara la cara de blanco. para representar el papel de Cándido; sospecho que, como poco, se moverían incómodamente en su butaca. Pero lo que sí es cierto es que encuentran completamente aceptable, y hasta les da mucha risa, que un actor blanco se pinte la cara de negro para representar el personaje de Kakambo. Yo creía (¡qué cándido debo ser!) que a estas alturas del siglo XX ya habíamos superado los efectos del colonialismo.Claro que el problema no es del público, que al fin y al cabo tiene derecho a aplaudir cuando aparecen los payasos en escena. El problema está en que el mensaje inteligente de Kakambo, y por extensión el verdadero espíritu de la obra de Voltaire, se pierden por culpa de una dirección y una interpretación que repiten los peores estereotipos del racismo colonial: los negros no saben caminar erguidos, hablan con la boca llena de pan y, por supuesto, carecen de esa cualidad que distingue a los seres humanos del resto de los animales: la inteligencia. No hay aquí suficiente espacio para profundizar en el efecto que tiene en la conciencia colectiva la representación de los negros como seres grotescos, infrahumanos e imbéciles.

La noche de la función, cuando después de varias discusiones, acaloradas con mis amigos me fui a la cama, me costó mucho conciliar el sueño de tan enfadado que estaba. Al día siguiente todavía me sentía terriblemente triste por lo que vi en el teatro, pero ya no creía, sinceramente, que el Cándido de Moma Teatre Y Talleret de Salt fuera una producción teatral ideada por individuos racistas, aunque sí me parece que tiene más cándidos de los que se mencionan en el reparto.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 06 de noviembre de 1995.

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