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Crítica:DANZA

Irregularidades

La programación de danza del Festival de Otoño parece una especie de cajón de sastre donde todo vale y todo cabe. Una deshilvanada oferta producto de la improvisación, la recurrencia y hasta una cierta actitud irrespetuosa para con la especialidad, tratamiento que, sin embargo, no se trasluce en la música o el teatro del mismo evento.La bailarina senegalesa Germaine Acogny es una gran dama que hizo reconciliar al público de la danza con lo que se le está ofreciendo. Ella palpita y hace palpitar con su elegancia su braceo y sobre todo su concepto escultórico, capaz de conciliar tradición y folclore con la luz de la danza moderna. Siempre se agradece que existan estas voluntariosas mujeres, cual nuevas isadoras, que son figuras creyentes e hitos universales de comunicación.

Germaine Acogny / Aterballeto

Germaine Acogny (Senegal): El despertar; percusión Arona N'Diaye. Teatro Albéniz. Madrid, 20 de octubre.Aterballetto (Italia): A ambos lados del mar; director artístico: Amedeo Amobio. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 21 de octubre.

Decepcionó, sin embargo, la compañía italiana. Aterballetto, con una oferta narcisista y pretenciosa por parte de su director, en la que se alternaba sin rubor asimismo con Balanchine, Ailey y Forsythe. La única pieza de Amobio aceptable fue La siesta del fauno, donde Federico Betti demostró que aún posee carisma teatral. La compañía de Regio Emilia no es lo que era; Betty es uno de los últimos flecos de aquel esplendor de hace unos años y lo visto crea una sensación de desánimo con respecto a la articulación y trascendencia del repertorio del siglo XX. Si mal bailado fue Balanchine, peor presentado lo fue estilísticamente Forsythe.

Ahora quedan por ver las funciones de relumbrón de Béjart y Baristinikov, platos fuertes que, sin embargo, no justifican el movimiento de tan alto presupuesto como dispone este festival y que al menos se espera motiven a la reflexión sobré qué hay que dar al público madrileño en la danza y el ballet en todas sus ramas, incluyendo las manifestaciones locales como el flamenco y la danza española, que injustamente han brillado por su ausencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de octubre de 1995