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Crítica:FLAMENCO

Asunto de familia

En la casa de los Revuelo el flamenco es un asunto de familia. Canta y baila Juana, canta y lleva el son su marido, Martín (que en tiempos fue un notable cantaor, hasta que perdió la voz por una dolencia), y el hijo de ambos, Martín Chico, se hizo guitarrista y lleva unos cuantos años acompañando con justeza y eficacia, sobre todo a sus padres.Los tres juntos suelen ofrecer actuaciones llenas de gracia y flamencura. Lo suyo tiene frescor y verdad, es auténtico. No transitan por un repertorio amplio, ya que se limitan fundamentalmente a la gama festera de los cantes -tangos y bulerías en especial-, pero esto lo hacen derrochando sentimiento jondo y sinceridad expresiva.

Es el arte que muchas familias gitanas como la de ellos han hecho en sus fiestas domésticas de generación en generación, y que viene a ser un rasgo más de su cultura personal, como la forma de vestir o de hablar.

Recital de Juana la de Revuelo

Con Martín Revuelo, (cante y palmas) Martín Chico (toque) y Chocolate de Madrid (palmas). Casa Patas, 29 de septiembre.

Juana es una cantaora / bailaora que en cuanto aparece inspira simpatía, cordialidad. Con su ancha humanidad, sus delantales y chales, los pololos que luce en los revoleos de su falda, cantando y bailando compone una estampa que nos encanta y conmueve.

Y canta muy bien los estilos citados, sabiendo transmitir tanto su vena festiva como la queja y el dolor que hay también en ellos.

El Revuelo pone, además de su cante y su son, un sentido del humor efectivo, y Martín Chico se recrea por bulerías en unos toques con mucho duende.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de octubre de 1995