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El nuevo primado pide que los católicos no sean neutrales en política

En su primera homilía, el nuevo arzobispo de Toledo y primado de España, Francisco Álvarez, resaltó la necesidad de que "la fe católica no sea neutral en sus opciones sociopolíticas". Francisco Álvarez, que sustituye al cardenal Marcelo González Martín, hizo referencia a la polémica surgida con el nombramiento del nuevo obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, al afirmar: "Pretender obispos nativos al servicio de determinados intereses políticos es extravagante, arcaico y preconciliar". En este sentido también aludió a los poderes civiles, invitándoles a "no interferir en la autoridad e independencia del Santo Padre en la designación de los obispos".El nuevo responsable de la archidiócesis reconoció que "no se puede negar que la vida espiritual atraviesa en muchos cristianos un momento de incertidumbre que afecta a la vida moral y a la oración". Abogó, en palabras de Juan Pablo II, por la necesidad de "una regeneración ética profunda para superar una verdad engañosa y una profunda crisis de valores éticos". Y dijo: "La libertad en una sociedad democrática y pluralista no autoriza prescindir de las enseñanzas de la fe y moral respecto a la vida y la dignidad humanas".

A su toma de posesión asistió el hasta ahora nuncio de España, Mario Tagliaferri, que por la mañana se despidió de los fieles con una misa en Madrid. Los miles de personas que llenaban la madrileña catedral de La Almudena le despidieron con aplausos. Entre los asistentes se encontraba el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano. A Tagliaferri, que ha representado a la Santa Sede en España durante diez años y que ha sido des tinado a la Nunciatura de París, le sustituye Lajos Kada, hasta ahora nuncio en Bonn.

Despedida del nuncio

En su homilía, Tagliaferri también se pronunció sobre la obligación del católico de intervenir en la vida pública; calificó de "inaceptable la pretensión de reducir la religión al ámbito estrictamente privado". Y advirtió del peligro de perder la fe en Dios, porque "otros falsos dioses ocuparán su lugar, y en vez de la plenitud llegará la frustración, como tantas veces hemos experimentado con las utopías y las falsas esperanzas que se le proponen al hombre de nuestro tiempo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de septiembre de 1995

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