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CARTAS AL DIRECTOR

Homenaje

He recibido la triste noticia del fallecimiento del último compositor del género lírico español, Jesús Romo Raventós -el maestro Romo-, el último al que probablemente podremos llamar así. Romo era ante todo bueno, y eso ya no abunda. Era independiente y reservado en lo que concernía a sus sentimientos y su vida privada. Hablaba poco, aunque alguna vez conseguía sonsacarle algunos retazos de su anecdotario, porque su vida estaba llena de pequeños momentos graciosos, algunos amargos y, sobre todo, de grandes éxitos. Instantes de una vida que transcurrieron al lado de personajes como Estrellita Castro o Antoñita Moreno, Antonio Medio, Marcos Redondo o Plácido Domingo (padre), entre otros. A pesar de que la zarzuela dejó de tener interés como espectáculo, a partir de los años treinta, Romo alcanzó el éxito en obras como La bien ganada, El balcón de palacio, Los cachorros, Un día de primavera, El gaitero de Gijón. Y, sin embargo, el maestro parecía nadie siendo tanto; no quería aparentar nada, era buena persona y, según él, eso era bastante.Tenía una enorme capacidad para sonreír y bromear a la antigua usanza, como se hacía en los viejos sainetes de Carlos Arniches. El último recuerdo que tengo ya del maestro es de mediados de agosto, 15 días antes de morir, mientras cenábamos en un hostal de la sierra. Le apasionaba el aire limpio de la sierra madrileña.

Me presentaba a todos como su discípulo... No creo que supiese que yo le quería como se quiere tan sólo a los pocos hombres buenos que se tiene el privilegio y la fortuna de conocer en esta vida. Mi mejor homenaje fue su mayor regalo: dejarme compartir a su lado algunas horas del dlía.... Nunca me dijo "hasta pronto" y mucho menos "hasta mafiana". Sabía que era el último y, a pesar de que no se lo reconociesen, él había cumplido ya con su destino. Gracias, maestro.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de septiembre de 1995