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Paesa compró pistolas que Interior trató de utilizar como señuelo contra ETA

El financiero Francisco Paesa admitió ayer ante el juez Baltasar Garzón su mediación en la compra de un lote de 100 pistolas alemanas Sig Sauer por encargo del Ministerio del Interior, sin saber, según dijo, que su verdadero destino era servir de señuelo a ETA para poder capturar a los terroristas que tratasen de adquirirlas. Paesa aseguró que el juez Garzón no le preguntó "absolutamente nada" acerca de los GAL, aunque, añadió, tampoco sabe quiénes son, y quedó en libertad sin cargos.

Francisco Paesa salió ayer de la Audiencia Nacional tras saldar su última cuenta pendiente, al menos por ahora, con el juez Baltasar Garzón. El interrogatorio se desarrolló de forma "correctísima" según el abogado de Paesa, Manuel Cobo del Rosal.En apenas una hora, cerró por fuera y sin fianza la puerta del juez que le procesó por colaboración con los GAL, le persiguió tres años por toda Europa sin poder encarcelarle y más recientemente le atribuyó la falsificación de los papeles que envolvieron la trampa laosiana en la que cayó Luis Roldán.

Paesa se presentó solo ante el juez a primera hora de la mañana. Garzón le aconsejó que regresara más tarde y acompañado de abogado. Regresó a mediodía con su defensor habitual, el catedrático Manuel Cobo del Rosal, y fue interrogado durante una hora sobre la venta de 100 pistolas Sig Sauer que, según Paesa, por un fallo de seguimiento acabaron . en manos de ETA y sirvieron para cometer atentados contra militares y contra la fiscal Carmen Tagle.

"Fue una operación absolutamente oficial, que hizo el Ministerio del Interior y en la cual yo no tenía ninguna idea de lo que ocurrió después. Se hizo con permiso de tránsito del Ministerio de Asuntos Exteriores, y a mí me dijeron que esas pistolas iban destinadas a la policía peruana" explicó Paesa, todo calma y desenvoltura a la salida del juzgado.

El lote de 100 pistolas fue comprado en febrero de 1986, por mediación "de un amigo que era amigo del agente de la casa Sig Sauer en Viena". "Me enteré después que era una operación montada para detener a personas de ETA", aseguró, "pero la operación fracasó porque hubo un fallo en la vigilancia establecida por los franceses. Las pistolas se perdieron y fueron a parar a manos de ETA".El encargo le llegó por su relación "amistosa" con Francisco Alvarez y Julián Sancristóbal, hoy procesados por su relación con los GAL. Paesa eludió extenderse en detalles sobre sus antiguos amigos. "De vez en cuando ellos me encargaban alguna misión", afirmó.

Admitió que también tuvo algo que ver" con otra operación de señuelo con dos misiles trucados y hechos llegar a ETA, que sirvieron para el desmantelamiento de la cooperativa Sokoa, de Hendaya, pero el juez no le interrogó por ello.

El teniente general José Antonio Sáenz de Santamaría declaró el pasado febrero que él personalmente, con una furgoneta de su propiedad, pasó los misiles desde Portugal a España. De las armas utilizadas por los GAL, Paesa dijo no saber "nada en absoluto" y su abogado, Cobo del Rosal, apostilló que la palabra GAL no fue citada en la declaración.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de agosto de 1995

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