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CiU considera ahora que la anticipación de las lecciones a octubre es mejor para sus intereses

La dirección de Convergéncia i Unió (GU) considera ahora la convocatoria de elecciones generales para octubre como la mejor solución para sus intereses, ya que la coalición nacionalista no está dispuesta a poner en peligro sus expectativas electorales apoyando los Presupuestos Generales del Estado, para 1996. La pelota está en el terreno de Felipe González y, para moverla, la declaración de ruptura del próximo lunes será sin concesiones. "Tenemos un lío muy serio y lomejor sería que González convocará primero", reflexionaba un ditigente de CiU para justificar este cambio de orientación.

La posición de CiU era hasta ahora celebrar las autonómicas este otoño y las generales en la primavera de 1996, pero Jordi Pujol dijo públicamente ayer mismo que lo único importante es que no coincidan los comicios y que el orden le daba igual.Pujol admite que sus argumentos contra la reducción del déficit que propone el ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, no se sostienen y, sobre todo, no son entendidos por su electorado. Pero ni él ni Miquel Roca ni Josep Antoni Duran están dispuestos a dar su apoyo a los Presupuestos cuando ya tienen decidido transmitir claramente la imagen de que han roto con el PSOE.

De cumplirse los calendarios habituales, las enmiendas a la totalidad contra el proyecto presupuestario se votarán a finales de octubre o primeros de noviembre, es decir, en plena campaña electoral para las elecciones autonómicas catalanas, cuya fecha más probable es, o era, el domingo 19 de noviembre.

"¿Cómo vamos a votar con el Gobierno para rechazar las enmiendas, que es el ejemplo más claro de apoyo al Ejecutivo, si la política que nos conviene es demostrar que hemos roto? No se entendería", reflexionaba el martes un dirigente de CDC. "Y daría pie a que Aznar nos acusara de tongo", agregaba ayer otro.Difícil contradicciónEn la reunión celebrada el pasado lunes por el comité de enlace de Convergència i Unió se analizó esta contradicción. Y hubo quien propuso adelantar aún más las elecciones autonómicas para evitar la coincidencia. Pero Pujol considera que eso resulta muy difícil. Además, la simple negociación de los Presupuestos ya perjudicaría la imagen de ruptura con el PSOE.

La advertencia de Joaquín Almunia de que el Gobierno deberá optar por disolver las Cortes en otoño si no hay garantía de apoyo a los Presupuestos fue recibida con alivio en la dirección de CiU, que la considera la mejor solución.

Las direcciones de los dos partidos de la coalición están divididas entre quienes consideran que lo mejor para los intereses electorales de CiU es que las legislativas se celebren antes de las autonómicas y quienes apuestan por lo contrario. Entre estos últimos se encuentran Pujol, Roca y Duran, pero no están cerrados al cambio de escenario.

Ante esta situación, Pujol no convocará elecciones autonómicas hasta conocer la reacción del Gobierno a la declaración que hará pública CiU el lunes día 17, dando por acabada la etapa de colaboración. Si González adelanta las generales, las autonómícas esperarán a primavera.

En la dirección nacionalista se conoce la opinión de ministros y dirigentes del PSOE partidarios de una rápida disolución de las Cortes con el argumento de que en esas circunstancias González volvería a encabezar la candidatura, lo que no estaría tan claro en el otoño de 1996.

Dirigentes de Unió admiten que el interés del país les empuja a facilitar la aprobación de los Presupuestos, pero no están dispuestos a poner en peligro su fuerza electoral en Cataluña, preocupados como están por la presión de las bases y de los simpatizantes de ambos partidos para que rompan con los socialistas: "Nos paran por la calle para conminamos a que rompamos, y nos llegan a amenazar con retirarnos el voto", señalan varios dirigentes nacionalistas.

Esta presión se ha acentuado desde que estalló el caso Cesid, que ha provocado la irritación de los ciudadanos y ha precipitado la ruptura de CiU con el Gobierno.

Dirigentes de la coalición se muestran dolidos por la incomprensión que encuentran entre las fuerzas económicas de fuera y de dentro de Cataluña por su apoyo a la gobernabilidad. "Los mismos que nos dicen que rompamos se echan, sin embargo, las manos a la cabeza ante la eventualidad de una victoria del PP; los mismos que dicen que rompamos nos dicen con la boca pequeña que votemos los Presupuestos. Son dos grandes incongruencias. ¡Que se lo hagan mirar!", señalaba un dirigente nacionalista.

En la dirección de CiU admiten, que, además de los incumplimientos del Gobierno, esta presión social juega un importante papel en la decisión de dar por acabado un ciclo. En las prisas electorales también influye el temor a nuevas revelaciones a remolque del caso Cesid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de julio de 1995

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