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CRISIS DE GOBIERNO

González opta por un cambio mínimo de Gobierno

Joan Lerma, ministro de Administraciones Públicas; Saavedra, de Educación, y Pertierra, de Defensa

Felipe González se ha inclinado por la opción conservadora y continuista al afrontar el cambio de Gobierno, lo que se interpreta como un aviso de que habrá elecciones anticipadas en primavera. Narcís Serra no tendrá sustituto en la vicepresidencia. Gustavo Suárez Pertierra, subsecretario con Serra y secretario de Estado de Administración Militar con García Vargas, ocupará la cartera de Defensa. Le sustituirá en Educación y Ciencia Jerónimo Saavedra, la sorpresa de la crisis. Y la vacante de Saavedra en Administraciones Públicas la ocupará el ex presidente valenciano Joan Lerma. González se ha tomado 18 días para resolver la crisis, en la que ha hecho caso omiso de las voces de su partido y de sus aliados nacionalistas que le pedían un cambio más profundo.

González comunicó los nombramientos al Rey por la mañana. La toma de posesión de los ministros será el lunes. El jefe del Ejecutivo ha reducido la crisis al mínimo, limitándose a sustituir a Serra y García Vargas. Ha hecho una crisis a contrapié, sin ganas, obligado por la exigencia de responsabilidades políticas en el escándalo de las escuchas telefónicas ilegales del Cesid.González había pensado aplazar la crisis para enero, al finalizar la presidencia europea. Si había alguna duda, el ministro de la Presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba, lo dejó claro ayer, tras el Consejo de Ministros, al justificar la remodelación con el argumento de que el presidente quería dar la mayor continuidad posible a un Gobierno que afronta hoy el semestre de la presidencia europea.

La interpretación más inmediata del minirreajuste es que González anticipará las elecciones a la primavera. No obstante, si el panorama cambiara radicalmente y el presidente decidiera agotar la legislatura, podría optar por cubrir la vicepresidencia y hacer un amplio cambio de Gobierno. Ayer se recordaba que la silla de vicepresidente de Alfonso Guerra estuvo vacía dos meses hasta que la ocupó Serra.

El jefe del Ejecutivo, tras verse obligado a relevar a su hombre de máxima confianza, Serra -12 años en el Gobierno-, y a un ministro al que apreciaba, García Vargas -nueve años en el Ejecutivo, primero como titular de Sanidad y posteriormente de Defensa-, no ha querido hacer más concesiones ni a su partido ni a sus aliados nacionalistas, que pedían un cambio de mayores vuelos y que ofreciera un nuevo impulso político.

Debate sucesorio

El reajuste no ha podido ser más conservador. González ha dejado vacante la vicepresidencia para no abrir ningún tipo de debate gratuito sobre la sucesión. Sus tareas fundamentales, como la presidencia de la Comisión de Subsecretarios y de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos se las repartirán respectivamente el ministro de la Presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el titular de Economía y Hacienda, Pedro Solbes. Quedan pendientes algunos ajustes, como la titularidad del gabinete de la Presidencia, cuya responsabilidad recaía en Serra.

La vacante de Defensa la ha cubierto con el hombre que mejor conoce el ministerio, Gustavo Suárez Pertierra, secretario de Estado de Administración Militar hasta junio de 1993, en que fue nombrado ministro de Educación y Ciencia. El titular de Presidencia aseguró ayer tras el Consejo de Ministros que Suárez Pertierra, pese a sus antiguas responsabilidades en Defensa, no tuvo que ver con el Cesid.

La máxima audacia que se ha permitido González ha sido sacar a Saavedra de Administraciones Públicas, pero por la vía honrosa de nombrarle ministro de Educación y Ciencia. González ha aprovechado la oportunidad para sustituir a su ministro más cuestionado, pero no ha querido castigarle, poniendo de relieve la consideración política y personal que tiene por él.

Saavedra recoge un Ministerio de Educación y Ciencia prácticamente vacío de competencias y limitado a la Alta Inspección, con los traspasos de las enseñanzas universitaria, media y básica a las comunidades autónomas realizados en su mayor parte.

Saavedra ha protagonizado algunos de los patinazos más sonados en los dos años de este Gobierno, como el anuncio de la cesión del 15% del IRPF a las comunidades autónomas en las mismas puertas de la Generalitat catalana, inmediatamente después de entrevistarse con Pujol; la apertura del debate sobre el fuero de los secretarios de Estado a los pocos días de entrar en prisión Rafael Vera, o la polémica de la desaparición de los gobernadores civiles.

La modificación del fuero de los secretarios de Estado estaba incluida en la Ley del Gobierno, que Saavedra envió para su dictamen al Poder Judicial. El propio González le desautorizó de inmediato al calificar de "error" la iniciativa y afirmar que el proyecto no había sido estudiado en el Consejo de Ministros.

Respecto a los gobernadores civiles, sobre cuya figura Saavedra era partidario de una redefinición que los despolitizara y les quitara peso, Pérez Rubalcaba y Serra se encargaron de desmarcar al Gobierno de esta posición.

Joan Lerma, sucesor de Saavedra en Administraciones Públicas, es la única novedad. Su perfil se ajusta a las necesidades del ministerio, en un momento en que tiene que afrontar importantes negociaciones con los gobiernos catalán y vasco. Presidente valenciano durante 12 años, Lerma es un hombre de gran sensibilidad autonómica, con excelentes relaciones con Jordi Pujol. Habla catalán perfectamente y ha firmado numerosos convenios con Pujol.

Enfrentado al PP

Muy enfrentado al PP, Lerma se alineó en los últimos meses con los nacionalismos frente a Aznar. Dio su apoyo al presidente del PNV, Xabier Arzalluz, y su portavoz en el Congreso, Iñaki Anasagasti, en el enfrentamiento que tuvieron con el PP la pasada primavera, cuando Aznar acusó a los nacionalistas vascos de ambigüedad ante el terrorismo.

Con el nombramiento de Lerma, González pretende pacificar las relaciones con los nacionalistas, pero también trata de premiar al presidente más castigado por la política del Gobierno. La paralización de la Nacional-III y la política del agua han contribuido a la derrota de Lerma el 28 de mayo.

El futuro personal y político de Narcís Serra no está claro. No obstante, mantendrá su escaño como diputado por Barcelona e intensificará su dedicación al PSC, de cuya ejecutiva forma parte. A partir del lunes tiene dos despachos abiertos, uno en la calle madrileña de Ferraz, como miembro de la ejecutiva federal, y otro en Barcelona, en el PSC.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de julio de 1995