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Tribuna:

Provocación lingüística

Recién aterrizado de Fort Worth, en Tejas, donde se ha celebrado el congreso anual de la Asociación Mundial de Defensores del Lector, me encuentro entre las muchas cartas de quejas una particularmente curiosa. En respuesta a mi columna del 26 de marzo, en la que el director de este diario, Jesús Ceberio, pedía excusa a los lectores por las muchas faltas de ortografía y gramática que se nos deslizan cada día, José de Primitivo Vega, de Madrid, funcionario de un banco español, lanza a este departamento una verdadera provocación que va a contrapelo del resto de las quejas de los lectores sobre el tema de las erratas.José de Primitivo se pregunta por qué en vez de flagelarnos tanto por los muchos errores que aparecen en el diario no nos preguntamos "si la culpa no estará más bien, por lo menos en parte, en la 'complejidad' de las normas de ortografía y de prosodia defendidas por la Real Academia Española, que básicamente tienen dos siglos y medio de antigüedad y que fueron dictadas por eruditos para que fueran entendidas y correctamente aplicadas por otros eruditos en una época en la que se tendía a desconfiar de las cosas simples".

Lo que plantea el lector es lo siguiente: "Si un grupo de periodistas -que en su mayoría son licenciados universitarios especialmente entrenados para el uso escrito de la lengua- es incapaz de escribir conforme a todas las normas de la RAE aun contando con la ayuda de procesadores de texto, habría que considerar la posibilidad de que la culpabilidad recaiga más bien en lo complicado, prolijo y absurdo de esas normas".

Aunque la hipótesis del lector en nada disminuye la responsabilidad de nuestro diario ante algunos errores gramaticales que no, debería cometer no ya un periodista, sino ni siquiera un muchacho de bachillerato, su provocación no deja de ser interesante. Ya que, como había subrayado por teléfono antes de enviamos su carta, no deja de ser "sospechoso" el que caigan en ciertos errores -y más de un lector me lo ha señalado en alguna ocasión- incluso novelistas de grito". Y añadía que habría que preguntar incluso a periodistas avezados en su oficio si alguna vez no se ven constreñidos "a echar mano del diccionario" ante más de una duda que les acecha a la hora de escribir. ¿Es justo, pues, se pregunta, que la escritura de una lengua sea tan compleja que no sean capaz de dominarla al ciento por ciento ni periodistas ni novelistas famosos?

José de Primitivo sabe que ha metido el dedo en un avispero, pero por ello mismo pide que este departamento abra públicamente un debate sobre el tema teniendo en cuenta que el 50% de las quejas que recibe está relacionado con las erratas del diario. Y pide que el director de EL PAÍS en el próximo barómetro incluya algunas preguntas tendentes a saber lo que opinan los españoles de la posibilidad de hacer más sencillo el castellano escrito, ya que, a su parecer, ni siquiera el Consejo de Investigaciones Sociológicas (CIS) se ha preocupado nunca de este tema.El debate queda abiertoPero el lector madrileño no se limita a pedir en general que se aligere nuestra lengua escrita de algunas de sus complejidades, sino que hace propuestas muy concretas. Por ejemplo:

1. Desaparición de las grafías mudas: H, U (verbigracia: guerra, queso, etcétera), C (verbígracia: acción).

2. Desaparición de una de las grafías en los casos en los que existen dos para representar al mismo fonema: B-V, S-X, Y-LL, Y-I.

3. Normalización lógica del uso de las grafías G y J. "Recordemos aquí", dice, "la opinión que Juan Ramón Jiménez expresó sobre estas letras".

4. Normalización lógica y desaparición de dos de las cuatro grafias siguientes: C, K, Q y Z, "que crean una absurda y compleja situación para la que según algunos rumores fue creada especialmente la palabra "batiburrillo".

5. Desaparición de reglas tan peregrinas desde el punto de vista lógico como:

- Escribir la grafía M por el fonema N ante algunas grafías.

- Escribir la grafía R por el fonema RR al principio de palabra.

- Escribir la grafía R por el fonema RR ante las grafías N y L.

6. No introducir nuevas grafias en la castellanización de palabras de origen extranjero, como por ejemplo la grafía W por el fonema U, que debería utilizarse sólo en los nombres propios y en las palabras no castellanizables.

Y por lo que se refiere a la acentuación, el lector afirma: "No entiendo normas como la que obliga a acentuar algunas palabras dependiendo de la función sintáctica que desempeñan, ya que el contexto deja siempre más clara la situación que un acento y no complica la escritura.Y lo mismo se puede decir de algunos monosílabos acentuados para diferenciar su signifiación".

Nuestro lector provocador está convencido de que los académicos de la lngua se enojarán con su propuesta, pero recuerda que "una lengua es patrimonio exclusivo del pueblo que la habla" y que "la mayoría de las lenguas del mundo se mantienen vivas sin que nadie artificialmente las pula, como le ha pasado a la nuestra, no obstante los intentos por fijarla y encorsetarla ".

Por último, el lector afirma que existen otros motivos que justificarían la apertura de este debate entre nuestros lectores. Y enumera los siguientes:

a).Facilitar el proceso de aprendizaje de los niños.

b) Hacer nuestro idioma más competitivo en el mundo empresarial y en los foros internacionales.

c) Facilitar las nuevas técnicas inteligentes de procesamiento y recuperación de información..

d) Hacer menos clasista la escritura del idioma.

Pero ¿qué piensan de dicha provocación los otros lectores de este diario, entre quienes se cuentan también filólogos y analistas del lenguaje? ¿Qué les parece a quienes, por ejemplo, prefieren llamarnos por teléfono en vez de escribir, por temor precisamente a cometer errores de ortografía o sintaxis?

La provocación queda lanzada, y el debate, abierto. Nos gustaría que los lectores dieran su opinión contrastando o apoyando dicha propuesta.Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector o telefonearle al número (91) 337 78 36.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de mayo de 1995

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