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Nexo, entre generaciones

Los cuentos sirven para que ancianos y escolares de Móstoles se comuniquen

Julián Blanco y Luís Villanueva se resisten a aparecer como el abuelo trasto ante las personas que les rodean, y, lejos de apartarse de las vivencias propias de niños y adolescentes, comparten su tiempo con los alumnos de los colegios públicos de Móstoles (199.000 habitantes). Con 74 y 66 años respectivamente, ambos carecen de nietos cercanos con edad de aprender, por lo que se han lanzado a relatar historias, cuentos, poesías y refranes a los más pequeños dentro de una iniciativa denominada Cuentacuentos, que se practica con gran éxito en el colegio Juan de Ocaña de la localidad. En esta experiencia participan un total de 15 jubilados que se trasladan dos veces por semana desde el centro de día de los servicios sociales municipales a los colegios públicos.En el Juan de Ocaña se dedica por lo menos una hora a la semana para que todas las clases, desde primero hasta octavo curso, escuchen y se relacionen con los mayores en una armonía que muchas veces no existe entre estas personas y sus hijos adultos", comenta la directora del centro, Prudencia Martín. El programa ha sido elaborado por la Delegación de Servicios Sociales de la localidad con el fin de que los niños tengan una mayor estima de las personas mayores y como método de distracción e integración de los narradores.

Ante una chimenea de cartón y para un público formado por 60 chavales de sexto curso, Julián y Luis se arrancaron la semana pasada, en la biblioteca del Juan de Ocaña, con poesías y relatos viajeros. Julián, sin papeles, recitó composiciones. inventadas por él mismo, que mantuvieron la atención del respetable hasta el final de la clase. Para este vecino de Móstoles resulta muy difícil memorizar las poesías, aunque, según dice, "merece la pena porque a los niños les encanta".Elena de la Fuente, la profesora que impulsó la iniciativa dentro del Juan de Ocaña, pensó en un principio que se obtendrían mejores resultados entre los cursos más bajos; sin embargo, se equivocó. "El hecho de que los cuentos presenten a personajes atípicos y las poesías sean moralistas ha llegado mejor a los alumnos de 14 años, que han demostrado una acogida más amplia que los estudiantes de siete años", aclara.

Los ancianos participantes en este programa han conseguido un profundo respeto de los estudiantes y la experiencia les ha servido para reafirmarse en su papel y relajarse en sus exposiciones. Los participantes en el Cuentacuentos son en su mayoría andaluces y extremeños que emigraron a la capital hace muchos años, pero no los suficientes como para hacerles olvidar los viejos relatos de su tierra, desconocidos para los madrileños.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de mayo de 1995