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Tribuna:

Razones para una prórroga indefinida

EL CONTROL DE ARMAS NUCLEARES.El próximo domingo, 17 de abril, se inicia en Nueva York la conferencia internacional que analizará os resultados del cumplimiento del Tratado de o Proliferación Nuclear (TNP) -firmado hace 25 años y signado por más de 170 países- y su futuro. En estas páginas se abordan los temas que se prevé centrarán el debate: el cumplimiento o no por parte de las potencias nucleares de su obligación de reducir los arsenales atómicos; la exigencia de los países árabes de que Israel se deshaga de sus armas nucleares; la prolongación del tratado por tiempo indefinido, como quieren Europa, EE UU y Rusia, o limitado, como desean los países no nucleares; el caso Irak.

Hay muchos motivos y muy serios para una prórroga indefinida e incondicional del TNP. El fin de la guerra fría nos ha llevado a uno de los puntos más esperanzadores de la historia mundial. Por primera vez, ninguna gran potencia ve a otra como una amenaza militar inmediata. Las fuerzas estratégicas de las superpotencias ya no están en alerta, y sus arsenales nucleares se están reduciendo espectacularmente. Pero dejar atrás lo que el poeta W. H. Auden denominó en una ocasión la "era de la ansiedad", debemos continuar ampliando el récord de éxitos conseguido por el TNP en los últimos 25 años.Creemos que la proliferación de armas nucleares supone la principal amenaza a la seguridad de la comunidad internacional y nada hay más importante para impedir la propagación de armas nucleares que la prórroga del TNP indefinida e incondicionalmente. Sus frutos han sido impresionantes. Desde su entrada en vigor en 1970, el TNP ha mantenido el número de potencias nucleares muy por debajo del previsto inicialmente. En efecto, el presidente Kennedy dijo en 1963 ante la ONU que le preocupaba que "en 1970... puede que haya 10 potencias nucleares, y para 1975, 15 o 20". Gracias en gran parte al TNP, esos temores no se han hecho realidad. El TNP ha reducido el riesgo de conflicto nuclear y reforzado la seguridad regional. También ha promovido el uso pacífico y seguro de la energía nuclear. Y, lo que no es menos importante, ha alentado los esfuerzos de la comunidad internacional para frenar la difusión de las armas de destrucción masiva. Sólo su prórroga indefinida e incondicional puede preservar la verdadera fuerza del tratado. Durante un cuarto de siglo, el TNP ha infundido confianza a sus más de 170 miembros en lo que respecta a las intenciones no nucleares de sus vecinos, sus rivales, sus amigos y sus enemigos. Un TNP que no sea permanente erosionará esa confianza. Sin un compromiso global fuerte y permanente de no proliferación nuclear, las naciones que se sentían seguras para rechazar la opción nuclear pueden pasar a considerarla necesaria para Su seguridad.

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El objetivo de este importantísimo tratado es garantizar la seguridad de todos y no el monopolio de armas nucleares por parte de unos pocos. Un TNP permanente favorece, a EE UU, pero también a los Estados que no cuentan con armas nucleares, a los que inquietan las ambiciones nucleares de otros. Favorece especialmente a las naciones situadas en zonas de tensión. donde se vislumbra desde hace mucho la perspectiva de una costosa y catastrófica carrera de armas nucleares.

Aunque EE UU lleva mucho tiempo apoyando la adhesión universal al TNP y ha apremiado a todas las naciones a unirse a él, también creemos que sería un grave error que el apoyo a la prórroga indefinida del TNP dependa de las acciones de los Estados que permanecen fuera del tratado. Un TNP fuerte y permanente aumentará las posibilidades de atraer a los Estados a este régimen. EE UU también admite la necesidad legítima de los países sin armas nucleares de tener garantías de que renunciar a la opción nuclear no pone en peligro su seguridad. La declaración del presidente Clinton el pasado 5 de abril en conmemoración del 25 aniversario de la entrada en vigor del TNP, reitera la promesa estadounidense de no utilizar armas nucleares contra países firmantes que no las posean. Esta garantía negativa de seguridad se ha armonizado, ahora con las garantías que van a proporcionar el Reino Unido, Francia y Rusia. Las declaraciones del presidente confirman y detallan el compromiso de EE UU de ayudar a los países no nucleares atacados o amenazados con armas nucleares. Dicha declaración está en la línea de un proyecto de Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre garantías de seguridad elaborado recientemente por los miembros permanentes. Por vez primera, los cinco Estados nucleares están patrocinando un proyecto de resolución sobre garantías de seguridad positivas y negativas. Y por vez primera están dando dichas garantías.

En su calidad de ser una de las cinco potencias nucleares miembro del tratado, EE UU se toma muy en serio sus obligaciones, descritas en el art. VI, de continuar las negociaciones pata "cesar la carrera de armas nucleares y para el desarme nuclear". Con los acuerdos START, EE UU y Rusia están procediendo a reducir sus arsenales nucleares en dos tercios y nos hemos comprometido a ir más lejos. El TNP proporciona los fundamentos básicos -la auténtica piedra angular- de nuestros esfuerzos globales de no proliferación. Algunos Estados pueden verse tentados a condicionar la prórroga del TNP a una mayor reducción de los arsenales de las superpotencias u a otras iniciativas. Somos receptivos a sus inquietudes, pero pido a todos los miembros del TNP a que no confundan esta piedra angular con un punto, de negociación. La mejor forma de garantizar el progreso del desarme nuclear es promover la seguridad y previsibilidad que sólo un TNP permanente puede proporcionar. Cada voto afirmativo en la Conferencia de Revisión inclina más la balanza a favor de aquéllos que buscan la resolución de los conflictos mediante instrumentos de paz y no mediante herramientas de destrucción masiva. Cada "sí" fortalece la fuerza moral de un tratado que protege la seguridad de todos, es un voto a favor del uso de la energía nuclear para fines pacíficos y para proseguir el desarme nuclear.

Warren Christopher es secretario de Estado de Estados Unidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de abril de 1995