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Tribuna:DEBATES

Dos posturas enfrentadas

EL CONTROL DE ARMAS NUCLEARES.El próximo domingo, 17 de abril, se inicia en Nueva York la conferencia internacional que analizará os resultados del cumplimiento del Tratado de o Proliferación Nuclear (TNP) -firmado hace 25 años y signado por más de 170 países- y su futuro. En estas páginas se abordan los temas que se prevé centrarán el debate: el cumplimiento o no por parte de las potencias nucleares de su obligación de reducir los arsenales atómicos; la exigencia de los países árabes de que Israel se deshaga de sus armas nucleares; la prolongación del tratado por tiempo indefinido, como quieren Europa, EE UU y Rusia, o limitado, como desean los países no nucleares; el caso Irak.

Antes de la conferencia sobre el Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP) y dada, su importancia, ha habido cuatro sesiones del comité preparador en las que se han definido las posiciones de los distintos grupos de Estados. Como era de esperar, la mayoría de los reproches se dirigieron a las potencias nucleares que no han cumplido sus obligaciones en relación al artículo VI del Tratado, que obliga a cada firmante a mantener conversaciones sobre las medidas eficaces para poner fin a la carrera armamentística, sobre desarme nuclear y sobre un tratado de desarme total con un control internacional estricto y efectivo.Esos justificados reproches se deben a que, durante la vigencia del TNP, dichos Estados no sólo no han reducido sus arsenales atómicos, sino que incluso los han incrementado. Cuando se firmó en 1968, EE UUU y la URSS tenían 4.840 y 1.600 cargas nucleares estratégicas, respectivamente, según datos del Instituto de Estudios de los problemas de la Paz de Estocolmo. A principios de los noventa EEUU tenía 11.700 cabezas nucleares en sus portadores estratégicos y la URSS, 10.740, además de las armas nucleares tácticas, unas 8.000 unidades en el caso de EEUU y 12.000 en el de la URSS. Reino Unido, Francia y China también han aumentado sus arsenales nucleares, multiplicándolos varias veces.

Los países no nucleares firmantes del Tratado exigen garantías positivas y negativas -basadas en obligaciones precisas y fijadas jurídicamente- de que el arma nuclear no se utilizará contra ellos. Es previsible que dichos países presionen en la conferencia para la firma de un tratado de prohibición universal de las pruebas nucleares y de producción de materiales fisibles con fines bélicos. Pese a que las conversaciones sobre estos temas duran ya mucho tiempo, los participantes no han podido firmar un acuerdo previo a la conferencia.

Varios estados musulmanes de Oriente Próximo y África del Norte, encabezados por Egipto, condicionan su participación en el TNP como Estados no nucleares a que Israel se adhiera a este documento, destruya sus armas nucleares y ponga sus instalaciones secretas bajo el control del OIEA (Agencia Internacional para la Energía Atómica). Según expertos independientes, Israel posee entre 100 y 200 cargas nucleares. Para los vecinos árabes, tal cantidad de armas atómicas es una amenaza inaceptable.

En vísperas de de la Conferencia, los analistas señalan tres posibles alternativas para el futuro del TNP: una prolongación indefinida, la prolongación durante un plazo definido, y la prolongación por un plazo fijo con una continuación automática de su validez. Varios Estados en desarrollo no ocultan su intención de conseguir que el Tratado se prolongue por un periodo corto, de entre 5 y 10 años, con la idea de utilizar cada uno de los posteriores balancesde resultados para ejercer presión sobre las potencias nucleares. Por eso, cabe esperar que tomen la iniciativa de ejercer una oposición a los principales países del mundo.

Los países de Occidente y Rusia están a favor de la prolongación indefinida del TNP, ya que, según los especialistas en derecho internacional, si no el Tratado perderá su validez al final del plazo acordado. Esto puede conducir a una situación imprevisible al desaparecer el mecanismo que impide el desarrollo de las ambiciones nucleares de los regímenes totalitarios. El resultado final sería el caos estratégico y finalmente el colapso nuclear. La posición de los partidarios de la prolongación indefinida se refuerza con las medidas prácticas que EEUU y Rusia (y antes la URSS) han adoptado en los últimos años: la liquidación de los misiles nucleares de alcance medio y menor, la obligación de reducir sus arsenales nucleares tácticos, y la firma de los tratados START-1 y START-2.

Desde 1989, la URSS ha dejado de producir uranio altamente enriquecido y ha apagado 10 de los 13 reactores nucleares que producen plutonio. Los tres restante funcionan para abastecer las ciudades secretas de energía eléctrica y pata el año 2000 también serán parados. Todos las potencias nucleares, con excepción de China, observan la moratoria de pruebas nucleares y mantienen conversaciones para firmar un tratado que las prohiba. Las medidas emprendidas por las potencias nucleares ayudarán a superar la oposición de algunos Estados del Tercer Mundo a que el tratado se prolongue indefinidamente.

Según los analistas, la cifra de países que apoyan abiertamente la propuesta de prolongar indefinidamente el Tratado es de unos 70, aunque para adoptar tal decisión se necesitan por lo menos 86 votos. Esto explica la actividad diplomática de EEUU y Rusia para poner de su parte a otros Estados.

Rusia apoya la idea de prolongar el TNP de modo indefinido, ya que considera que el TNP no es responsable de la división de los países del mundo en nucleares y no nucleares.. El documento se limitó simplemente a fijar la situación que había cuando se formó y constituyó una barrera para contener una ulterior proliferación de las armas nucleares en el planeta. La posición de Rusia se explica en gran medida por el "cinturón nuclear" que existe en sus fronteras: Ucrania, Kazajstán, Pakistán, India, China, Corea del Norte. En el mundo no hay otro país que se encuentre un entorno tan peligroso. Conscientes de la justificada preocupación de los países no nucleares, los dirigentes rusos consideran, necesario dar pasos concretos para hacer disminuir la amenaza de conflicto nuclear, como la interrupción de las pruebas, cuyo fin es perfeccionar las armas nucleares. Algunos representantes de la industria militar rusa critican esta posición, ya que están interesados en que el Estado continúe financiando las pruebas nucleares. Justifican su posición alegando que es necesario garantizar la seguridad de las armas nucleares rusas.

Rusia apoya decididamente la propuesta de EEUU sobre la interrupción de la producción de uranio altamente enriquecido y plutonio militar en todos los países. Según los expertos, en las cabezas nucleares de Rusia hay 100 toneladas de plutonio y 500 toneladas de uranio altamente enriquecido, cuya conservación y desguace es un problema económico, científico, técnico y ecológico muy serio. Rusia está a favor de que se den garantias de seguridad y de integridad territorial a los países no nucleares, según el modelo seguido por Washington y Moscú en el caso de Ucrania. La dirección de Rusia está consecuentemente a favor de la reducción de las armas nucleares de acuerdo con el artículo 6 del Tratado.

Sin embargo, Algunos analistas suponen que, durante la visita del presidente Clinton a Moscú, en mayo, se debatirán los posibles pasos para la firma de un tratado START-3, Mientras, algunas fuerzas políticas y no sólo las nacional-patrióticas, están en contra de la reducción radical de las armas nucleares, critican el tratado START-2 y emprenden con éxito iniciativas para demorar su ratificación.

"Éstas acciones pueden reforzar la posición de los adversarios de la prolongación indefinida del TNP. Al mismo tiempo, resultan desorientadoras las declaraciones del jefe de la cámara alta del Parlamento Ruso, Vladimir Shumeiko, quien ha afirmado que Rusia puede negarse a ratificar el tratado START-2 en respuesta a los planes de ampliación de la OTAN. El mundo está en una encrucijada y las decisiones que se tomen en los próximos días en Nueva York determinarán en gran medida su destino. Esperemos que el sentido común se imponga y que la humanidad tenga una oportunidad real para mantener la vida. Ante eso, no hay alternativa racional.

Vladímir Beloús es general-mayor retirado, miembro del Comité de Científicos Rusos para la Seguridad Global.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de abril de 1995