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La dictadura de las 'top'

La industria de la moda anda buscando un final, feliz o no, a la actual posición de fuerza de la que disfrutan una decena de privilegiadas top models. El año 1993 trajo un atisbo de esperanza con la llegada a las revistas y pasarelas de una nueva raza de modelos. Su estética está mucho más cercana a la mujer real, y está más acorde a los tiempos de descalabro económico en los que estamos inmersos. Kate Moss, la minimodel de Klein, fue la primera. Pero, junto a ella, el relevo se concretó en un nutrido grupo de buenas profesionales: Amber y Valetta, Shalom, Bridget Hall, Nina, Emma Balford, Berry y unas cuantas más han abierto el ramillete de opciones a quien busca invertir en imagen a precios y condiciones considerablemente más suaves.Asombradas, las supermodelos, que rozan el 1,80 y esgrimen los codiciados 90-60-90 como carta de presentación, han tenido que ceder parte del pastel a colegas que rondan el 1,70 y que no se distinguen a simple vista de la vecina de la puerta de al lado. Por mucho que sus agencias, las todepoderosas Elite y Ford a la cabeza, se empleen en ello, nadie está dispuesto ya a pagar por ellas las tarifas que han alcanzado sus predecesoras. Ni, sobre todo, las condiciones de monopolio que han sembrado en el mercado.

Dentro de este contexto, una polémica ha sembrado de discusiones acaloradas la celebración de la reciente pasarela de alta costura francesa. Después de constatar que el famoso triunvirato -Linda, Christy y Naomi y Cindy- no estaban entre el casting, la papisa del periodismo de moda, Suzy Menkes, del Herald Tribune, decretó, en un exaltado artículo, que el arte de los creadores había vuelto a la pasarela con la desaparición de las modelos famosas. A su vehemente afirmación respondió Valentino comprando, por 25.000 dólares, una página de publicidad del diario, en el que, junto a una foto de Claudia, Elle y la número uno del momento, Nadja Auermann, podía leerse: "Te equivocas... y mucho". Firmado: Valentino y las supermodelos. La foto en cuestión pertenecía a su show del día anterior.

Industriales, creadores y editores de moda hacen conjeturas sobre cómo acabar con la dictadura. Pero la retirada de: las supermodelos está aún muy lejana, al menos mientras sigan teniendo como aliados a tres de los monstruos sagrados de la moda: Valentino, Karl Lagerfeld y Gianni Versace, para quien, además, los precios son "de amigo". Como en tantas otras cosas, el tiempo, implacable también para ellas, acabará por jubilarlas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de febrero de 1995