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La censura china 'cerca' a Zhang Yimou, su cineasta con mayor relieve mundial

Niegan al realizador financiación exterior para el filme que ahora rueda en Shanghai

El cineasta chino Zhang Yimou prepara una nueva película, localizada en Shanghai durante los tumultuosos años treinta. La protagoniza Gong Li, en el papel de amante de un gánster. Yimou es un director al que se reconoce mundialmente un enorme talento. Desde hace años tiene el mundo a sus pies, y Gong L¡, una de las mujeres más célebres y bellas de China, interpreta sus películas y comparte su vida. Pero, mientras le abren puertas en Europa y América, en su país es víctima de un cerco por la censura, que incluso le niega la posibilidad de financiar internacionalmente su futuro cine.

Los miembros del jurado del último festival de Cannes lanzaron una lluvia de premios sobre su última película, Vivir, que actualmente se proyecta en España. Los críticos la compararon con sus anteriores obras, Sorgo rojo, Semilla de crisantemo, La linterna roja y Una campesina china, mientras los paparazzi no dejaron ni un minuto de respiro a Gong Li, convertida en una diosa de la pantalla al estilo de Hollywood.Pero no todo es un camino de rosas en la carrera de Yimou, y estos días tiene razones para quejarse, pues los censores chinos le han prohibido hacer ninguna película más con respaldo financiero extranjero, como ocurrió con Vivir, lo que podría truncar su carrera.

El cineasta se aloja en un hotel barato de Shanghai y cuenta sus penalidades: "Estoy cansado de vivir como vivo. Por eso quiero construir una casa donde la gente pueda vivir y trabajar. Tendría una gran sala de estar y dos plantas. Habría 10 habitaciones o quizá ocho; una sería mi habitación; otra, una sala de montaje, y otra, para el fotógrafo o el decorador. Podría tener incluso un garaje y un lugar para cocinar. Eso sería lo ideal".

¿Está realmente Yimou dispuesto a instalarse en una casa con Gong Li, quien comparte su estilo de vida nómada, aunque no siempre cabe en la misma angosta habitación de un hotelucho? ¿Ha decidido echar raíces en Pekín? ¿O simplemente expresa el hastío de un artista cuyo hogar está en la carretera?

Con Zhang Yimou no se necesita escarbar demasiado para descubrir el fondo de sus películas: la soledad del individuo batallando contra un sistema injusto de vida. Por ejemplo, cuando Yimou necesita un permiso de salida al extranjero para recoger un premio o ir a un festival tiene que acudir a la otra punta de China, a su provincia natal, Guangxi, a pedir permiso de salida en una oficina de policía local. Y añade: "No tengo dirección ni teléfono desde hace 12 años. Formo parte de la población errante de China". Se refiere a los millones de personas sin rumbo ni ocupación fija que viven indocumentados en las ciudades de su país.

También acosan a Yimou problemas políticos. A los censores de Pekín no les gustó Vivir, que cuenta las penalidades de una familia a través de las revueltas que sucedieron a la revolución comunista de 1949. Se pusieron furiosos porque la película se exhibió en Cannes sin su visto bueno. Y, como castigo, Yimou fue informado de que sus futuras películas deben ser producidas y financiadas enteramente en China, donde el dinero escasea y la tecnología está atrasada.

Yimou piensa que Vivir es un filme "saludable". "Hubo quien se me quejó", cuenta. "Critican la película llamándola reaccionaria. Consideraban que es política en esto o en aquello. No estoy de acuerdo. La política no es lo primordial en un cineasta, sino el arte. Yo no hago política, pero hay una estrecha conexión entre la política y la vida en China. No poder hablar de ello es injusto".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de febrero de 1995