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Una activa minoría de neofascistas italianos se resiste a renegar de su historia

"No se nos puede pedir que reneguemos de nuestro pasado", clama Pino Rauti, ex líder de Ordine Nuovo y alma fascista y del Movimiento Social Italiano (MSI), tras afirmar que "la opera omnia de Benito Mussolini" no puede ser enterrada de un golpe, que las dictaduras fueron un momento necesario de la historia en Italia, como en Turquía o en España. En la atestada platea se alza y grita "¡Bravo, Pino!" una minoría, aunque consistente.

En cambio, cuando el ya maduro Rauti sostiene que el fascismo tiene la fórmula para superar tanto el capitalismo como el comunismo, y pregunta al líder, Gianfranco Fini, si cree que ha valido la pena tanto sacrificio desde la histórica Marcha sobre Roma para convertirse en un simple partido conservador de derechas, si el MSI tiene que rendirse al triunfo del capitalismo-liberal como hizo la Unión Soviética, el entusiasmo decae.

El congreso postrero del MSI, que hoy será disuelto para dar vida a Alianza Nacional (AN), transformando en partido político lo que hasta ahora era sólo una coalición, se desarrolló ayer entre esa mezcla de realismo y nostalgia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de enero de 1995