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El primer ministro de Quebec espera ayuda de Francia si logra la independencia

Enric González

El primer ministro de Quebec, Jacques Parizeau, pidió ayer formalmente la ayuda de Francia para el caso de que la región francófona de Canadá opte por la independencia. Parizeau inició con una solemne comparecencia ante la Asamblea Nacional una visita de cuatro días a Francia, considerada por los independentistas quebequeses como una aliada imprescindible. El presidente de la Cámara baja, Philippe Séguin, le dispensó un recibimiento con honores de jefe de Estado: guardias republicanos en traje de gala, puerta principal y banda de música. Y Parizcau aprovechó la oportunidad de dirigirse a los diputados para demandar la complicidad francesa.

"Cuando Quebec, por voluntad democrática de la mayoría de sus ciudadanos, se resuelva a franquear el umbral del mundo de las naciones (...) deberá encontrar a alguien que le acoja", dijo Parizeau en la Asamblea Francesa. "Y yo sé, por el recibimiento que me han tributado, que será Francia quien asuma esa función".

Desde el Vive le Québec libre! gritado por el general Charles de Gaulle en Montreal en 1967, la diplomacia francesa ha tendido a la moderación y en la actualidad mantiene, oficialmente al menos, una política de "neutralidad" respecto a la cuestión canadiense. Los sentimientos del movimiento gaullista, al que pertenece el primer ministro y posible próximo presidente Édouard Balladur, son, sin embargo, claramente proquebequeses.

Referéndum

Los quebequeses deberán pronunciarse sobre la independencia en un referéndum este año, en fecha aún no determinada. En el anterior referéndum, celebrado en 1980, vencieron los partidarios de la unidad de Canadá. En estos momentos, el resultado es imprevisible: un 47% de los votantes se declaran, según los sondeos, favorables a la escisión, mientras una amplia franja de la población no se decide a dar el paso. Parizeau, líder del Partido Quebequés, ganó las elecciones regionales de septiembre de 1994 con un programa basado en el objetivo de la independencia. Sería en cualquier caso, según explicó el líder quebequés a los diputados, una independencia sin ruptura: se respetarían todos los derechos históricos de la población de habla inglesa en Quebec, se mantendría el dólar canadiense como divisa y todos los ciudadanos podrían optar por uno u otro pasaporte. Quebec seguiría, en palabras de su primer ministro, una política de "libre comercio, apertura al mundo y amistad con todos sus vecinos".

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