Berlín rinde un exhaustivo homenaje al pintor expresionista George Grosz

Una muestra de 553 obras incluye cuadros que nunca se habían expuesto en Europa

George Grosz: Berlín-Nueva York es el título de la gran retrospectiva dedicada al pintor expresionista que se ha inaugurado en la capital alemana. Aunque Grosz es uno de los artistas alemanes más significativos, la presente muestra reúne por primera vez gran parte de la obra del polémico pintor; muchos de los cuadros nunca han sido expuestos en Europa. El Museo Neue National Galerie exhibe un total de 553 obras, entre las que figuran óleos, dibujos, acuarelas, collages, grabados y litografías, cubiertas de libros, revistas y fotograflas diversas.

La obra de Grosz se mueve entre su desprecio por la burguesía decadente de principios de siglo y la fascinación por las metrópolis como Berlín, donde nació y murió, o Nueva York, donde vivió durante la dictadura nazi. Ladrones y soldados mutilados, prostitutas, policías y generales, amantes, suicidas, asesinos y alcohólicos son los motivos recurrentes del retratista de la sociedad burguesa más cáustico y destacado de este siglo. Los museos más importantes del mundo han cedido obras del pintor, incluida la Fundación Thyssen Bornemisza de Madrid, para posibilitar esta muestra exhaustiva que sigue abierta hasta el 17 de abril.Una de las joyas de la retrospectiva es sin duda la reconstrucción de la Primera Feria Internacional Dada, de Berlín de 1920, que en su tiempo originó comentarios críticos como "existe cierta gente que sobra en Alemania porque intoxica el alma alemana", es decir, artistas indeseables como Grosz, Max Ernst, Jean Arp, Raoul Hausmann y John Heartfield.

El pintor, nacido en 1893, tenía una personalidad rebosante de valor artístico y coraje civil. Su pintura atrevida le valió la persecución por parte de los responsables políticos. Incluso durante la democracia de los años veinte fue acusado de blasfemo y lascivo en numerosas ocasiones. El juicio originado por el gráfico Cristo -con máscara de gas constituye el pleito más largo de la historia del arte y se saldó con una multa y el abandono de la Iglesia protestante por parte de Grosz. La persecución de artistas supuestamente inmorales fue frecuente durante la República de Weimar, con una media de 400 juicios anuales contra los creadores ingratos, hoy consagrados en su mayoría.

La retrospectiva berlinesa amplía la mirada sobre la obra de Grosz, famoso por su crítica social, y le muestra como visionario de la vida moderna y cronista de las grandes urbes. Su perspicacia política es palpable en un dibujo de 1923 que retrata a Adolf Hitler como Sigfrido vestido con piel de oso, mirada, violenta, espada y tatuaje de esvástica, mientras en 1933 tuvo el honor de convertirse en el primer artista germano privado de la nacionalidad alemana. Grosz salvó la vida porque abandonó Alemania pocos días antes de que Hitler tomara, el poder en 1933. Un lustro más tarde figuró con cuatro óleos, hoy desaparecidos, en la muestra Arte degenerado, que reunía las obras de los artistas perseguidos por los nazis.

Para el pintor, el militarismo, el espíritu servil y la corrupción moral fueron los rasgos característicos del ciudadano alemán desde los tiempos imperiales hasta la llegada de los nazis y la actual muestra contradice la extendida opinión de que Grosz; haya renunciado a la crítica del fascismo después de su emigración a Estados Unidos. Grosz, en 1922, viajó a Rusia y esta experiencia originó un distanciamiento del comunismo y el abandono del Partido Coniunista alemán. Desde entonces luchó contra cualquier totalitarismo.

Pero Grosz no sólo era un crítico de la sociedad, también estuvo fascinado por las grandes metrópolis, nadie como él ha documentado el Berlín de los anos veinte, la ciudad más vital de la época, aunque Nueva York para él era "la ciudad más bella del mundo". La muestra berlinesa también cuenta con numerosos documentos de la época dorada, desde fotografías de Josephine Baker hasta carteles cinematográficos, como el Metrópolis, de Fritz Lang.

Grosz, aparte de dandy, comunista, pintor y dibujante, también destacó como tipógrafo, fotógrafo y escritor, trabajó para el cine y el teatro. Menos conocida es su faceta de erotómano y pornógrafo. Aparte de su amplia colección de fotografías eróticas, la exposición exhibe varios cuadros ginecológicos. El poder transgresivo del arte sigue vigente, los organizadores de la muestra, sobrecargada y poco transparente, optaron por arrinconar las obras obscenas para no provocar el repudio del público actual.

La muestra permite comparaciones entre la pintura de Grosz y contemporáneos suyos como Kirchner, Beckinan, Kokoska, Dix, Stella, O'Keefe y Hopper. Un atractivo adicional de la retrospectiva será la celebración de una misa dadaísta en la iglesia de St. Matthäus, cercana al museo, donde también se estrenará una ópera minimalista con letra del propio Grosz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 04 de enero de 1995.