Confrontación civil
Tengo 52 años, he crecido con el franquismo en todas partes menos en una, mi familia, catalanista, no nacionalista. Pero, sobre todo, soy barcelonesa.Estoy hasta el moño -soy mujer- de oír al señor Jordi Pujol hablar de confrontación civil. Los ciudadanos en general nos estamos portando muy bien desde el 23-F: somos buenos ciudadanos, atendemos a nuestros padres, a nuestros hijos, a quienes intentamos explicar que los marianorubios, marioscondes, aidas, juanesguerra, delasconchas, rappels y otras delicias televisivas son basura. No nos matamos en las reuniones de vecinos, a pesar de las leyes antidemocráticas que
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las rigen; sufrimos una LAU tras otra, un destrozo de la naturaleza tras otro para meterle cemento y plástico, no en beneficio nuestro; soportamos violencias varias de los drogadictos, tironeros, raterillos y otros villanos modernos; pacientes colas en la sanidad pública y facturas millonarias en la privada, y autopistas de ritmo lento para los días en que uno quiere irse pitando (no es mi caso, no tengo coche). Y eso son sólo ejemplos.
Y que encima venga un político, u otro de otro signo o del mismo, a atragantarme el café de la mañana porque a él, a su familia, a sus fieles partidarios, empiezan a irles mal las cosas, me parece un acto de irresponsabilidad y una prueba excelente de que nos merecemos otra cosa. No sé qué, pero otra cosa.-


























































