Un poco de angustia y más legitimidad

El resultado fue suficiente. El sí (52,2%) ganó al no (46,9%) y el 0,9% de los votos fue en blanco. Pero los cinco puntos de diferencia, que ya auguraban algunas encuestas previas tras ponderar a los indecisos, supieron a poco. El sondeo, a pie de urna, conocido a las 20 horas, había augurado 16 puntos de diferencia (57,6% de partidarios contra 41 % de contrarios). Distancia que, según los demóscopos, garantizaba la victoria: los políticos la celebraron, salvo el cauto Ingvar Carlsson. El primer resultado parcial angustió a algunos: vencía el aislacionismo. Ocurría que las zonas más rurales y despobladas escrutaban más deprisa. Y que muchos del no habían ocultado su voto a los encuestadores. El Sur y las grandes ciudades se llevaron la palma europeísta.
El alto número de noes excitó a parte de la prensa anglosajona. No sólo Carlsson tuvo que recordar que "así es la democracia, la mayoría gana". El catedrático Olof Ruin se vio ayer obligado a leer el abecedario: "Un referéndum democrático siempre divide" a la sociedad. "Pensamos lo contrario que ustedes; los políticos lo convocaron para aumentar la legitimidad de la decisión, y ha aumentado".


























































