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CIENCIA: OCEANOGRAFÍA

Una línea de cientos de kilómetros 'divide' las aguas del Pacífico

Observaciones realizadas desde el transbordador espacial, satélites, barcos y aviones han mostrado una línea claramente visible sobre la superficie del Océano Pacífico que se extiende a 140 grados de latitud oeste junto al Ecuador durante centenares de kilómetros como si se estuvieran dividiendo las aguas. Los científicos no dicen que este extraño fenómeno sea un milagro, pero sí una maravilla de la naturaleza debida a la abundancia de plantas microscópicas que se multiplican en la zona donde se unen las corrientes ecuatoriales fría y caliente.

La explosión de vida que surge del encuentro entre el agua fría y rica en nutrientes que sube a la superficie del Océano Pacífico en el Ecuador procedente de las zonas polares y las corrientes calientes ecuatoriales situadas al norte del Ecuador alimentan gran parte del océano.La línea más espectacular se observó hace dos años, junto al Ecuador, en el límite norte de los frentes de olas surgidos de este encuentro que se trasladan hacia el oeste y que se han detectado a lo largo de más de 5.500 kilómetros de océano, desde las islas Galápagos al este a una zona al sur de Hawai. Los frentes, espaciados unos 1.000 kilómetros, se mueven unos 50 kilómetros por día y se han observado únicamente en verano y en otoño.

De color verde

Las observaciones, descritas en la revista Nature (20 de octubre de 1994), muestran una enorme producción de criaturas marinas microscópicas denominadas diatomeas (algas unicelulares que forman parte del plancton) especialmente de la especie Rhizosolenia. Forman una estrecha banda de agua de un vivo color verde visible durante centenares de kilómetros, acentuada por pequeñas olas que rompen, lo que produce la ilusión de que cambia el nivel del mar. Se sabe desde hace tiempo que tales encuentros ecuatoriales generan vida en abundancia, produciendo depósitos de diatomeas de hasta cinco kilómetros de profundidad, pero nunca antes se ha podido observar tal erupción de vida marina tan fácilmente, desde la superficie. Las nuevas observaciones de interacción entre las dos corrientes incluyeron medidas de la temperatura de la superficie del mar. Éstas fueron hechas desde el satélite meteorológico NOAA-11 y desde el avión P-3 de investigación de la NASA, a 800 metros de altura:El P-3 también midió la cantidad de clorofila vegetal iluminando el agua con un rayo láser que la hizo fluorescer. Esto mostró una banda de gran abundancia de unos 16 kilómetros de ancho a 1,8 grados de latitud norte.

Las medidas de corrientes oceánicas realizadas desde el buque oceanográfico Thompson de la universidad de Washington encontraron un frente de unos 1,6 kilómetros de longitud donde una masa de agua fría de unos 75 metros de espesor se estaba introduciendo debajo de otra masa de agua caliente de unos 43 metros de espesor. Cerca de la superficie se podía observar la multiplicación de las diatomeas, cuya población parecía doblarse diariamente:

Las líneas de diatomeas parecen ser un fenómeno antiguo. De muestras de sedimentos extraídas del suelo marino ecuatorial, los científicos del Ocean Drilling Program han encontrado que entre hace 15 millones de años y 4,4 millones de años hubo periodos de productividad oceánica mucho mayores que incluso los más espectaculares de la actualidad. Así lo delatan grandes depósitos de diatomita, formada por los caparazones silíceos de las diatomeas.

Como una sopa

En 1926 el naturalista Charles William Beebe informó que en "el lugar de encuentro de las grandes corrientes oceánicas" al este de los Galápagos había observado una "concentración de organismos como nunca he visto antes". Sus formas microscópicas eran tan abundantes que había lugares en que el mar parecía una sopa.

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