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"Que sus señorías descansen"

La inauguración del curso en una universidad se remonta al Renacimiento. Y del Renacimiento ha heredado el aire solemne y ceremonioso. El sonido de los timbales abre el acto. La comitiva pasa entre el público, lentamente. Los maceros, ataviados con un vistoso gorro acabado en una pluma, la encabezan. El rector, de riguroso negro, la cierra. Entre medias, los decanos, cada uno ataviado con el color representativo de su facultad. Quedan por delante dos horas, de acto. Cada invitado recibe un programa, que en la Complutense es bilingüe: español-latín. Los doctores llevan birrete, reservado para las grandes ocasiones. Durante la ceremonia, los nuevos profesores juran lealtad a la institución. En latín. Después de las palabras del rector, todos se ponen en pie y entonan a coro el Gaudeamus, el himno universitario. Sólo queda ya una cosa. El programa reza: "Al llegar la comitiva al punto de partida, el maestro de ceremonias dará dos bastonazos en el suelo y dirá: 'Que sus señorías descansen".

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