Camdessus, el garrote y la zanahoria
Michel Camdessus había terminado su rueda de prensa, pero aceptó, como hace siempre, continuar el diálogo en el breve recorrido hasta los ascensores. "Señor Camdessus, ¿se ha mirado las cifras del presupuesto español para 1995?". "Sí, las he visto"... Se avanza en la reducción del déficit en más de un 1 punto". "¿No le parece un presupuesto político diseñado para un año electoral?". "¿Me puede nombrar algún país en el cual el presupuesto no sea político?", contestó, abriendo una sonrisa de oreja a oreja mientras despedía a su interlocutor.Pero la politesse de Camdessus en los pasillos de las reuniones preliminares del FMI es el reverso amable de una posición muy dura en los temas centrales: déficit público, inflación y reforma laboral. Aunque no mencionó a ningún país cuando habló de los disparates cometidos a lo largo de la expansión económica de los años ochenta, España es uno de los blancos para los dardos que lanzó Camdessus. Y lo que no se ha hecho, vino a decir, hay que hacerlo en esta fase aún incipiente de la recuperación española.
En su esquema de razonamiento si no se reduce el déficit y, consecuentemente, la proporción de deuda respecto al producto interior bruto, los tipos de interés tenderán a subir y la llamada prima de riesgo que, los prestamistas cobran a España se mantendrá, lo que se convierte en una amenaza para el crecimiento económico. La solución, pues, sería la consolidación fiscal, el control de parte estable / estructural del déficit español. "Esta reducción hay que lograrla aún si ello tiene un coste en el corto plazo, que será limitado, en el crecimiento", dijo Camdessus.
Difícil situación
La actitud del director gerente del Fondo ante las autoridades españoles exigente y respetuosa, ofrece el garrote y detrás de él la zanahoria, al estimar que la situación es muy difícil para España porque la inflación aún sigue siendo alta, lo que requiere un programa muy firme. "No se puede permitir ninguna fantasía en el manejo de la política macroeconómica". ¿La tienen acaso las autoridades económicas? "Cuando hablo con ellas, no tengo dudas de que ven las cosas como he dicho" se responde a sí mismo.
Camdessus ha bautizado de facto su mensaje con la esperanza de que a los siete años de vacas flacas sucedan, ahora, otros siete años de vacas gordas. El periodo comprendido entre los anos 1983 a 1990, los años de Reagan, que el responsable de la página editorial del Wall Street Journal, Robert Bartley, consagró en su libro The Seven Fat Years (Los siete años de vacas gordas) ahora, según la versión de Camdessus, deberían lograrse sin los disparates de entonces y asumiendo que será imposible una reducción sustancial de la tasa de desempleo en los países industriales.
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