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Entrevista:MUJERES

"La reconstrucción de Cuba será una labor de los unos y los otros"

Serena, sonriente, con un moño canoso a la española que inspira respeto, Marta Fraide (La Habana, 1920) habla con firmeza rodeada de un trozo entrañable de Cuba a través de la pintura: Lam en selecta abundancia, un mosaico de Portocarrero, una témpera de Amelia Peláez, pueblan las paredes de su ático madrileño donde no faltan muebles coloniales y algunos picassos cariñosamente dedicados.Marta Fraide es presidenta del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Su vida ha sido una novela de aventuras que llega a aguas serenas en 1979, cuando emigra definitivamente de La Habana y se instala en Madrid.

Pregunta. ¿Cómo se inició en la lucha política?

Respuesta. Siempre aclaro que mi primera vocación fue la medicina. Soy médico y estoy muy satisfecha de mi vida profesional; ejercí durante 42 años, primero en Cuba y después aquí hasta que me retiré. Lo de la política comenzó en 1950, y hasta hoy, con la interrupción de los tres años y medio que estuve en la cárcel, si es que se puede decir que allí dentro no se luchaba. Estoy entregada a la lucha por Cuba, pero liberada de pragmatismos, pensando en desarrollar ideales democráticos y civilistas, en una convivencia pacífica de tendencias hacia una sociedad moderna.

P. Antes de 1959, ¿estuvo vinculada a la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista?

R. Debo decir que, aunque no me gusta el término, jugué algún que otro papel en varios frentes. Cumplí con todo lo que se me pedía, salvo que no participé directamente en actos violentos, en atentados terroristas. Hoy, a gran distancia en el tiempo, pienso si algo nos podría unir a todos los que luchamos con la mayor ilusión en aquella gran utopía, y también pienso si no hubiera sido mejor buscar otras vías, un proceso de democratización gradual.

P. ¿Cuándo conoció a Castro?

R. Desde el año 50, en que estábamos juntos en la Ortodoxia Revolucionaria, en aquel cortísimo periodo preelectoral, pues inmediatamente fue el golpe de Batista.

P. ¿Hay mucha diferencia del Fidel que usted conoció al de hoy?

R. Soy muy leal cuando me hacen esa pregunta. Yo tengo una imagen del Fidel Castro de aquellos tiempos como una persona respetuosa, incluso tímido y buen compañero, que tenía sus preferencias ideológicas y sus propias tácticas de lucha. Luego ya se sabe cómo cambió.

P. Estuvo propuesta para ministra después de 1959.

R. Al Inicio de la revolución se pensé en eso, sí, para ministra de Bienestar Social, pero yo entendí que no me correspondía, que había personas más capa citadas. Yo lo que quería era estar dentro de mi profesión, entonces fundé el Hospital Nacional y la Escuela de Enfermeras, trabajo que continué con gran pasión, y que ha quedado como un honroso ejemplo de las primeras cosas hermosas que hizo la revolución.

P. ¿Por qué fue a la cárcel?

R. Habría quedar un salto en el tiempo para contestar. Después del hospital y de un proceso de enfrentamientos, me mandaron a la Unesco en París donde me sorprendió la crisis de los cohetes, y sufrí una ruptura espiritual.

P. ¿Aquella crisis le impulsó a volver a la lucha?

R. Se me criticó mucho por haber aceptado una misión diplomática y después regresar a Cuba en 1965, un país ya declarado marxista-Ininista. Un año antes estaba yo en La Habana, el 26 de julio, en la Plaza de la Revolución, en un estrado un poco más abajo que el de Fidel, que se disponía a empezar a hablar. Me vio y me dijo: "Marta ¡como estás hablando en París!". Yo me volví y le contesté con todas mis fuerzas: "¡Y lo que me queda!". De eso hace 30 años, y no he parado de hablar, de luchar. La palabra bien empleada es una forma de lucha ejemplar. Mientras Dios me dé salud y lucidez no pararé de hablar por la libertad de Cuba. Me gustaría cerrar los ojos viendo la recuperación espiritual de mi patria.

P. Ha escrito un libro.

R. Publiqué en Francia un libro en 1988, Escucha Fidel, que es en realidad una cosa muy sencilla que arranca el día 10 de junio de 1976, en que me detienen, y continúa con todo el periodo de la cárcel y algunas incursiones retrospectivas en el pasado. Está hecho para el gran público, y para mí, su gran valor está en que no contiene ninguna mentira. Cuba puede ser criticada. duramente en muchas cosas ateniéndose a la realidad: no hay necesidad de decir ninguna mentira. En el libro sí hay alguna ausencia premeditada, por pudor, pues yo creo mucho en aquello que dicen los franceses: "No vomites sobre tu pasado". Además, no somos totalmente inocentes de las desgracias de Cuba, aunque fuera con candor, todos hemos sido cómplices de aquello. Menos mal que muchos cubanos hemos podido rectificar. Si los cubanos practicaran más la rectificación, las cosas no hubieran llegado tan lejos.

P. ¿A cuánto tiempo la condenaron y de qué la acusaban?

R. A 29 años. Me acusaban de espiar para la CIA, de actividades contrarrevolucionarias, cosas que no eran ciertas.

P. ¿Fue dura la cárcel?

R. Yo entré en la cárcel siendo una mujer madura, formada intelectualmente, lo que me permite valorarlo como una gran enseñanza. La mayoría de la población carcelaria era gente muy joven, ya de una generación producto de la revolución.

P. Antes de la cárcel intentó una huida clandestina de la isla.

R. Fue en 1972 y la fuga fracasó. Lo intentamos unos amigos; luego supe que quien había pinchado la balsa inflable era un agente de la seguridad cubana. Fue una experiencia más por lo que puedo comprender la desesperación de los balseros, de la gente que se tira al mar sin más.

P. Pero el grupo que pretendía organizar continuó...

R. Sí, quedaron Gustavo Arcos, Bofill, Elizardo Sánchez...

P. Algunos continúan en Cuba y otros se han separado

P. Quiero aclarar que no es que se separen. A raíz de ese nucleo fundacional se han creado muchos grupos; no se puede decir que hubiera una división, es que democráticamente es natural que se diversifique la lucha por los derechos humanos.

P. ¿Y su comité español?

R. Es una organización modesta de 15 miembros, y somos muy celosos de que no se nos infiltren gentes que quieran medrar. ¿El objetivo? Vigilar por el cumplimiento de los 30 artículos de la Declaración de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, que Cuba firmó en 1948.

P. Pero en Cuba funcionáis clandestinamente.

R. Hemos querido inscribirla como asociación en La Habana, pero no ha sido posible.

P. ¿En Ginebra le escuchan?

R. He tenido aliento de todas partes. Elena Bonner (la esposa del disidente y Nobel de la Paz ruso, Andréi Sájarov) un día me dijo: "Adelante, cuando empecé mi comité de derechos humanos en Moscú, un país tan grande, eramos sólo 10 personas".

P. ¿Cómo ve la Cuba de hoy?

R. Estoy muy preocupada, cuando en un país la gente se quiere ir en un éxodo tan masivo algo grave pasa en la situación interna.Hoy por hoy, en Cuba hay una desorganización absoluta, un acelerado proceso de desintegración.

P. ¿Ve una salida pacífica?

R. Eso quisiera. Mirando con perspectiva las décadas de lucha, sería ideal una salida civilizada. Pero por lo que se ve, el fin va a ser dramático. No veo en Castro un atisbo de querer dar un paso real de solución pacífica.

P. ¿Habría que rescatar a la gente que se ha quedado dentro de Cuba y que ha estado vinculada al régimen comunista?

R. En este sentido, no hay mejor cosa que mirar lo que ha sucedido en los países del Este europeo, donde se han reciclado todas las figuras salvables. Los cubanos de dentro son los que tienen que opinar y que decidir y los que, en definitiva, tienen que lograr el cambio y contar con los cubanos del exilio para la reconstrucción.

P. Al terminar la etapa de Castro. ¿Ve una figura concreta para llevar las riendas de Cuba?

R. Yo soy optimista. En las luchas políticas, el optimismo es fundamental. Hay mucha gente anónima que ha trabajado duran te todos estos años y que saldrá a la luz, son una reserva moral.

P. ¿Ve a Mas Canosa como presidente de Cuba?

R. No quiero predecir que tal o cual señor será el que rija los destinos de Cuba que, tras Castro, tendrá que pasar por un periodo predemocrático, de transición para llegar a un proceso electoral limpio y libre donde se darán a conocer nombres, ya sean de dentro o de fuera, que opten por ello, y que los respalde el pueblo. Hay que empezar a asentar la democracia en Cuba desde las alcantarillas, pues me preocupa la pérdida de valores, la crisis moral actual.

P. ¿Volverá a Cuba?

R. En mi libro cuento lo último que hice en La Habana pensando que no iba a volver jamás: un largo recorrido a pie por mis lugares preferidos; fue como un ritual que acabó junto al mar, en el Malecón. Aunque tengo que agradecer a España miles de cosas como exiliada, sí quisiera, si tengo fuerzas, volver en el primer avión, aun en plena vorágine del cambio, y contribuir a la reconstrucción. Y no hago excepciones, será una labor de los unos y los otros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de agosto de 1994

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