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La Fundación Cartier estrena un nuevo edificio transparente en París

En el número 261 del Boulevard Raspail de París vivió el vizconde de Chateaubriand. Él fue quien ordenó plantar en la entrada del palacete un cedro de Líbano que, al crecer, se convertiría en símbolo de la residencia. La propiedad cambiaría luego de manos, hasta llegar, después de la Segunda Guerra Mundial, a las del Centro Cultural Americano. El cedro, imponente detrás del muro, seguía creciendo. Ahora, el arquitecto Jean Nouvel ha edificado ahí la nueva sede de la Fondation Cartier, "el inmueble del siglo XXI". Sólo el cedro y algunos otros árboles del antiguo jardín siguen en pie. "Que no cuenten conmigo para repetir edificios existentes", declara Nouvel. Según él, nada hay más absurdo que pretender reconstruir lo que fue concebido en otra época, para otra función y bajo otra sensibilidad. Ahí está su ópera de Lyón: la antigua fachada es mera cáscara perforada por arriba, que acoge un interior moderno que ha multiplicado por dos las posibilidades (aforo, escenario, local de ensayo, servicios, etcétera) del local. "Los únicos monumentos del urbanismo moderno son los edificios". Y la Fondation Cartier, transparente, hecha de acero y cristal, con una falsa fachada-pantalla en primer término que sirve para amortiguar el ruido de la calle y enmarcar el simbólico cedro, es ya un monumento, tal y como lo reclama Nouvel.

Desde su creación en 1984, la Fondation Cartier estaba radicada en Jouy-en-Josas, a unos treinta kilómetros de París, en un par que espléndido. Pero la distancia le privaba de buena parte de las ventajas de la gran capital. Sus muestras más espectaculares -Verdaderamente falso, La velocidad, El rostro, Azul- sólo podían concebirse contando con la climatología como aliada. Las más arriesgadas, en otoño-invierno, tenían una repercusión menor.

La nueva sede ofrece "una arquitectura cuya propuesta consiste en romper los límites tangibles del edificio y devolverle al barrio el placer de un jardín durante largo tiempo hurtado a su mirada". La transparencia y los muros de cristal sirven para eso y para que los árboles y las obras de arte se entremezclen, a veces reflejo directo de un volumen real, en otras meras imágenes virtuales creadas por el azar de un juego de espejos incontrolable.

Las primeras exposiciones, que se inaugurarán el 11 de mayo, cuando todas las plantas de la Fondation Cartier hayan entrado en servicio, incluidas las cuatro subterráneas de aparcamiento inteligente, tendrán como protagonistas a Richard Artschwager y Pierrick Sorin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de abril de 1994