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Una problemática unificación

La alarma de los unionistas norirlandeses va en aumento. El sacerdote presbiteriano lan Paisley, líder del Partido Unionista Democrático y diputado en los Comunes, afirmó que Irlanda del Norte había sido vendida a la República: "Yo y muchos como yo, preferiríamos, en último extremo, vivir en un Ulster independiente a quedar bajo la bota de Dublín".Un portavoz de la banda terrorista unionista UFF (Luchadores por la libertad) manifestó a su vez que "si el IRA se ha abierto camino con sus bombas hasta la mesa de negociaciones, igualmente podemos nosotros romper esa mesa con nuestras bombas".

En el Partido Conservador británico aparecieron también voces de alarma. El diputado David Wilshire se declaró "abrumado" tras leer la letra pequeña de la declaración. "Nos hemos rendido a los terroristas".

Pero el grito más espectacular entre los tories fue, sin duda, el del ex ministro de Economía Norman Lamont, el antiguo amigo de John Major, feroz enemigo desde su cese. "En la conferencia del partido, usted defendió ardorosamente la Unión y las ventajas que representaba para todos. Ahora nos dice que Irlanda del Norte puede marcharse si quiere. ¿En qué quedamos?" le espetó Lamont a Major en la Cámara.

Los temores de los unionistas respecto a una futura unificación irlandesa no parecen, sin embargo, demasiado realistas. La mayoría de la población, en torno al 60%, sigue siendo protestante y unionista; y entre los católicos, el 40% restante de la población, casi la mitad, se declara partidaria de permanecer en el Reino Unido.

Para muchos no se trata de una opción política, sino de puro pragmatismo: entre seguir formando parte de un país moderadamente próspero o integrarse en uno de los países más pobres de la Unión Europea, como la República de Irlanda, la decisión es fácil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de diciembre de 1993