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La Unión Europea apuesta por Keynes

Algunos enemigos de Delors se llevarán una auténtica decepción con el Libro Blanco. No se propone repartir el tiempo de trabajo, ni se apuesta por la semana de cuatro días. La mayor parte de sus ideas son irreprochables desde el punto de vista de las patronales y los medios conservadores y liberales europeos: hay que flexibilizar el mercado de trabajo, disminuir los costes fiscales y de seguridad social, moderar los salarios y adelgazar el Estado de Bienestar, para acotar el despilfarro y no estimular el desempleo.La mayor ortodoxia económica preside las ideas de la Comisión sobre la salida de la crisis, a excepción de una cuestión: la inversión pública. Está claro que no es posible relanzar la economía a través de la inversión en cada uno de los Estados. Contribuiría al deterioro de los presupuestos, alejaría de la convergencia y de la Unión Económica y Monetaria a los países más audaces y terminaría hundiendo a todos en una crisis más profunda. Ni un sólo economista propugna hoy esta receta clásica del keynesianismo, útil en su día para sacar a Europa de la crisis y crear un Estado del bienestar amortiguador de las tensiones.

Grupos de economistas, algunos independientes, otros vinculados al ala izquierda del europeísmo y ahora el propio Delors, piensan que hay que resucitar a Keynes en plan continental, lanzando una política audaz de grandes inversiones a nivel europeo. La emisión de obligaciones que propone el Libro Blanco significa, aproximadamente, un 0'5% del PIB (Producto Interior Bruto) europeo y el conjunto de la inversión que se quiere promover desde la UE, aproximadamente un 1'5%, cifras todas ellas perfectamente asumibles por las intituciones europeas, que cuentan con las mejores calificaciones de solvencia financiera internacional y tienen un déficit cero.

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