La Fiscalía alemana investiga el uso de cadáveres en pruebas automovilísticas

Francia y Suiza también han realizado ensayos con muertos

La Fiscalía de Heidelberg (Alemania) ha abierto una investigación por el empleo de cadáveres, incluidos de niños, en pruebas de seguridad de la industria automovilística. Se está comprobando si la universidad contó con la autorización de las familias de los fallecidos, de dónde venían los cadáveres y si se les había realizado una autopsia antes de sentarlos en los coches destinados a chocar contra una pared. Según el fiscal, puede tratarse de una violación del artículo 168 del Código Penal, que regula el derecho al descanso de los difuntos.

La Universidad de Heidelberg ha reconocido el empleo de 200 cadáveres, ocho de ellos de niños, en la investigación de accidentes por empresas automovilísticas. El número de cadáveres de niños empleados en los llamados crash / tests, según expertos en derecho penal, puede superar los 900 al año.El empleo de cadáveres humanos se traduce en ahorros de millones de marcos para los investigadores, ya que un muñeco de plástico cuesta unos 300.000 marcos (unos 24 millones de pesetas), mientras el precio de mercado de un niño muerto oscila entre 200 y 1.500 marcos. Unos 40 institutos anatómicos y laboratorios privados son los receptores principales de estos niños fallecidos.

Un experto en derecho penal, el doctor Erich Sainson, relata que también se suelen importar partes de cadáveres humanos de países del Tercer Mundo. "Un médico compró hasta 400 cráneos para sus investigaciones". El responsable de las investigaciones realizadas en la Universidad de Heidelberg, Dimitrios Kallieris, afirma en una entrevista concedida al sensacionalista Bild Zeitung: "Mi investigación ayuda a salvar vidas, espero poder proseguir".

Cinturones y 'airbags'

El Club General Automovilístico Alemán (ADAC) rechazó el empleo de cadáveres de niños en la simulación de accidentes por razones éticas, calificándolos de "inhumanos". Sin embargo, considera legítimo el empleo de cadáveres de adultos si éstos, antes de fallecer, firman una autorización, aunque, según el Club Automovilístico, basta con el empleo de dummies, los muñecos que habitualmente se usan en estas pruebas. Según un portavoz de la Universidad de Heidelberg, los cadáveres fueron empleados en el desarrollo de cinturones de seguridad, air bags y asientos para niños.

El portavoz de la Conferencia Episcopal Alemana, Rudolf Hammerschmidt, se mostró contrario a este tipo de investigación dado que "un cadáver humano no es un objeto que se pueda usar como se quiera. Nos parece que estos tests son una transgresión". L'Osservatore Romano, el periódico oficial del Vaticano, condenó duramente estas investigaciones, expresando una "indignación incontrolable" y negando "cualquier justificación moral para el uso de cuerpos en pruebas automovilísticas".

La Asociación de la Industria del Automóvil (VDA), no obstante, califica de "procedimiento necesario" el empleo de cadáveres en la investigación de accidentes, alegando que el número de accidentes mortales se ha reducido a la mitad desde 1970.

En Francia, la repercusión de la noticia de la utilización en Alemania de cadáveres para simular accidentes de coches y estudiar sus consecuencias en el organismo humano ha consistido en ampliar una noticia que ya era conocida: Peugeot y Renault hacen lo mismo desde hace años.

El profesor Claude Got, del hospital de Saint Ambroise, en Boulogne, lo precisaba así: "Mis investigaciones en accidentología, realizadas en colaboración con Peugeot y Renault, me han llevado ha utilizar unos 450 cadáveres. Hay que comprender que ni los animales ni los muñecos proporcionan todos los datos necesarios para este tipo de investigación".

Dos científicos suizos reconocieron ayer que también en su país se habían utilizado cadáveres en pruebas automovilísticas. El profesor del Instituto de Medicina Legal de Zúrich M. Felix Walz dijo que ya en 1980 se habían realizado tres experiencias de este tipo, informa FP.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de noviembre de 1993.

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