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"Vamos a asistir a la rebelión del alma, e es la parte humillada", dice Octavio Paz

El escritor mexicano escribe sobre amor y erotismo para satisfacer un viejo deseo

Varias veces en la conversación Octavio Paz dice "no sé", "probablemente" o similares, y ello se debe a que los recorridos de su nuevo libro, La llama doble. Amor y erotismo (Seix Barral) terminan siempre en el enigma. Más allá del lugar común, se trata de algo misterioso hasta el punto de que ni siquiera sabemos si en todas las civilizaciones hubo amor: "La excepción del erotismo" a juicio de Paz, y, en cualquier caso, algo cultural. Lo que no ocurre con el ero

tismo, que es "la excepción de la sexualidad". Después de años de revolución del cuerpo, dice Paz, "vamos a asistir a la rebelión del alma, que es la parte humillada". Ahí se vuelve a detener: no sabe bien en qué consistirá esa rebelión.Paz rechaza que se le acuse de determinismo. "No creo tener una concepción biologista de la vida, y no creo que el cuerpo sea determinante". Según explica, el amor es como la metáfora, algo más, "que no se puede definir con una palabra. Se encuentra más allá del cuerpo y su verdadero nombre no se conoce. Existe".

Este libro fue escrito en dos meses de la última primavera, es decir, tres páginas al día; un ritmo de prodigio vista su densidad, aunque es preciso tener en cuenta que Paz tenía en ello un antiguo interés y había tomado muchas notas a lo largo de mucho tiempo. En la India, por ejemplo, en lo referente al tantrismo. Algunas de sus lecturas, como D. H. Lawrence, o ensayos previos, tuvieron su importancia.

"La historia del hombre es la del diálogo entre el cuerpo y el alma", dice Paz, y la ciencia de los últimos tiempos ha intentado acabar con el alma, al darle excesiva importancia a la física y a la química y a las relaciones entre ambas. En los últimos tiempos se ha producido una revolución del cuerpo y de las relaciones entre los sexos -"no tenga miedo de usar la palabra: ha sido una revolución", dice-, y "vamos a asistir a la rebelión del alma, que es la parte humillada".

Esta humillación se ha producido, más que en las artes, por ejemplo, en la mitología popular o en la ciencia. Sucede que, como decía un general mexicano, "esta pinche revolución ya degeneró en gobierno"; o lo que es el mismo, la revolución del cuerpo ha sido sustituida por sus mecanismos.

El león modelo

El hecho de que el amor sea una invención cultural del hombre no le resta encanto, dice Paz. Si el hombre enamorado se declara siervo, o esclavo de su amada, ello viene por influen cia de la España musulmana gran innovadora en los usos amorosos, que le dio la vuelta a la relación vertical hasta entonces imperante en la pareja, o a menos al lenguaje. Y si los tórtolos se llaman mutuamente con nombres de animales -león, paloma, pichón..., lo hacen para imitar a los anima les en la naturaleza. Porque en su sexualidad el hombre imita los animales, mientras su imaginación introduce infinidad de variantes: eso es el erotismo.

Por el contrario, dice Paz, "que hayamos sido capaces de inventar algo tan extraordinario como la capacidad de amar es algo extraordinario". Como dijo Lope de Vega, memoriza, ". "...lo que es temporal, llamar eterno..." Es decir, el amor, incluso si es inventado como establece Freud (la sublimación) concede al ser humano los atributos de la divinidad.

Fueron precisamente los surrealistas, muy influidos por el psicoanálisis, los que dieron la última gran batalla en favor del amor, que Freud exaltó. Paz insiste en que buena parte de las teorías de la ciencia no son sino "la vuelta de viejas hipótesis metafísicas". Por ejemplo, la tesis de que el hombre tiene su origen en partículas liberadas en otra galaxia, propuesta por el premio Nobel Fred Hoyle, coincide en lo esencial con las creencias de los gnósticos y con Platón.

Al afrontar esta vieja deuda con su obra, Paz se encontró, como siempre, con que el libro crecía con independencia de su voluntad. "Siempre hay que contar con el azar", dice, o lo que es lo mismo, con "partes de la memoria que se desconocían", con las nuevas vistas que se. descubren al pensar en el problema, o en la propia dinámica del lenguaje.

Lo que llama azar sería pues el viejo mito de Pirandello y Unamuno: la obra coge su camino con independencia de la voluntad de su autor-dios. U otra formulación: la obra (o el mundo) es una broma de su

creador. Pero Paz contesta con rapidez: "Dios no puede ser bromista pues entonces sería humano".

El tiempo ha terminado por darle la razón, o por lo menos la victoria: durante muchos años anticomunista, Paz ve sin particular satisfacción el desplome de su viejo enemigo. Pero, dice, "me siento muy desconcertado. Siento hacia mi mundo la misma insatifacción que tenía a los 20 años hacia el de entonces. Las respuestas de los revolucionarios estaban equivocadas, pero las preguntas -justicia, solidaridad...- siguen siendo las mismas. Tenemos que tener con las democracias el mismo rigor que tuvimos con el comunismo".

"Un no triunfador"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de noviembre de 1993

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