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"Vivimos una edad de oro para los exploradores"

Los datos sobre las tribus de la Amazonia no los ha obtenido Jonh Hemming, director de la mítica Royal Geographical Society desde hace 18 años, por informes, sino de primera mano. Ha pisado lugares en los que jamás ha estado ningún europeo y piensa que aún queda mucho por conocer en la Tierra, sobre todo océanos, desiertos y selvas.

Responde a la imagen de británico de impecable traje azul marino que uno piensa ha de tener el director de la legendaria Royal Geographical Society (RGS), de Londres. Pero también es fácil imaginárselo con barba de algunos días y bermudas. Especialista en Latinoamérica, ha hecho tres expediciones a la Amazonia, en 1961, 1972 y 1987."La industria maderera es la principal amenaza para la selva amazónica. Y sobre todo la explotación de la caoba, el apetito desmedido del mundo por esta madera. Además, lo grave es que para conseguir un solo árbol de caoba hay que destrozar otros 28". John Hemming ha estado explicando en Madrid los peligros de deforestación de las selvas tropicales, dentro del Foro Internacional del VII centenario de la Universidad

Complutense, dedicado a la Ecología y el desarrollo, que terminó ayer.

Hemming dirige la institución más influyente y con más glamour dentro del mundo de las exploraciones. Su más de siglo y medio de historia va unido a un centenar de grandes expediciones, incluidos el descubrimiento de Speke de las fuentes del Nilo, la primera travesía de África a cargo de Livingstone, el primer viaje a la Antártida de Scott y el ascenso al Everest de Hillary. John Hemming piensa que los tiempos han cambiado mucho, aunque la mesa de su despacho siga siendo la misma en la que Livingstone escribió Missionary's Travels. En una reciente entrevista publicada por The Sunday Telegraph, comentaba: "El objetivo de la Royal Geographical Society no es ya tanto el de batir récords como aportar nuevos descubrimientos que nos hagan aprender sobre el mundo en que vivimos".

"La RGS no financia ahora ninguna campaña que no sea de investigación", dice. "Pero aún falta muchísimo en la Tierra por explorar. En la Amazonia yo he estado en cuatro sitios a los que jamás había llegado un europeo. Los tepuyes de Venezuela también son prácticamente ignotos. Y ahí están los océanos, cuyos fondos nos son casi completamente desconocidos, y suponen el 70% del planeta. Creo que vivimos en la edad de oro para explorar. Hemos escalado todas las grandes montañas, pero nos queda muchísimo por conocer de los desiertos, los bosques tropicales... En mi última expedición a la Amazonia identificamos 250 nuevas especies". A pesar de todo, de haber conocido lugares tan poco convencionales y que dejan huellas indelebles en el carácter, a Hemming, doctor en Historia Moderna por Oxford, le encanta vivir en Londres. "Ahí tengo mi familia". Pero repite, con "saudade de Brasil,, y palabras españolas: "Sólo quien ha estado en la Amazonia puede entender su grandeza. Es muy dificil de explicar".

Sabe que se han exagerado las cifras de la destrucción de la selva, incluso triplicando el número de hectáreas destrozadas por año; pero explica que, a pesar de todo, hay algo completamente cierto: "La amplitud de la destrucción es alarmante. Al actual ritmo de deforestación, todas las selvas tropicales habrán desaparecido el próximo siglo. Además, una de las mayores catástrofes demográficas ha sido la del pueblo indígena de la Amazonia. Su población ha disminuido en un 95%. Sólo quedan 150.000. Hace unos años habría asegurado que todas estas tribus desaparecerían en 50 años; ahora creo que físicamente no desaparecerán, pero sí culturalmente. Quedarán convertidos en comunidades muy tristes, de personas deprimidas como ha sucedido con los indios de Norteamérica, y meramente folclóricas, para atraer turistas".

Explica Hemming, encantado, las campañas de investigación que cuentan actualmente con el aval de la RGS (11.000 socios, de los cuales 9.000 son británicos). Todas tienen como vértebra principal la protección del medio ambiente: un estudio sobre el efecto de la deforestación en la cabecera de los ríos del Nepal, una investigación biológica en el desierto de Jordania, otra en la frontera de Tanzania con Kenia sobre la gestión de parques naturales y un proyecto para sumergirse en las aguas poco profundas de las costas de Yemen en el Mar Rojo, "una zona que, por razones políticas, ha sido muy poco explorada hasta ahora".

La naturaleza de la Tierra cambia. ¿La humana también, o ésa permanece inalterada?

"Forzosamente ha de cambiar". Y da un dato contundente: "Somos ahora la segunda especie animal en biomasa, después del krill; pero pronto nos convertiremos en la primera". Ese cambio, a la fuerza nos ha de dar otra perspectiva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de noviembre de 1993

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  • John HemmingDirector de Royal Geographical Society