'Papa Noel' llega a Mostar en blindado blanco español

24 horas con la Agrupación Madrid, a la que los musulmanes ven como su seguro de vida

ENVIADO ESPECIAL Las tropas españolas de la Agrupación Madrid que patrullan el sector musulmán de Mostar parecen Papá Noel. Llegan en sus blindados blancos con algunos caramelos en el bolsillo y tabaco rubio en la mochila. Son siempre bien recibidos por una población que impidió su marcha durante una semana a finales de agosto. Desde entonces existe el compromiso con la Armija, el Ejército bosnio, de tener una patrulla permanente dentro de la ciudad.Los musulmanes creen que la patrulla es su seguro de vida, pero es tan sólo una buena compañía que anota, fiel al mandato de las Naciones Unidas, el número de granadas caídas o disparadas. Cada turno dura 24 horas o más. Depende de los controles militares croatas, que son los que tienen el poder de alargar el relevo. El convoy está compuesto por tres blindados tipo BMR, un Mercurio (transmisiones) y una ambulancia. Veinte soldados y un periodista en total.

Más información

- 8.00. Salida de la base de Dracevo. El teniente Manuel Gambín, de 27 años, soltero y miembro de la Brigada Paracaidista (BriDac). recorre nerviosamente el convoy. Comprueba todos los detalles. Es su primera misión en el sector musulmán de Mostar. La que se considera la más peligrosa. A su lado, el teniente coronel Yagüe, jefe de Dracevo, vigila, orgulloso de lo que ve. "¡En marcha!", grita Gambín, haciéndose acompañar de un ademán con el brazo, propio de la caballería.

- 9.15. Primer control croata. El convoy se detiene. Los javeos, como se pronuncian en Bosnia las siglas del Consejo de Defensa Croata (HVO), quieren ver qué hay dentro de los BMR. "No abras ni de coña", espeta el sargento de la Bripac José Lucas al cabo Mohamed Berkan, del tercio de Fuerteventura, de la Legión, que está cerca de la puerta trasera. El teniente Gambín, armado de paciencia, negocia en inglés. El javeo apenas chapurrea, pero se entienden. El convoy reanuda la marcha. Son las diez de la mañana. Nos acompaña un policía croata en su coche. Hace de guía hasta el frente. Tras pasar por Zitomislici, en la carretera que discurre al este del río Neretva, el BMR frena bruscamente. "¡Evita los frenazos, tío!", exclama Lucas. "Quiero 50 metros de distancia con el BMR que va delante", ordena. El conductor, Juan Martínez, se justifica: "Es que he visto una mina, mi sargento". A las 10. 10 el convoy entra en zona caliente: el aeropuerto. Se cierran las escotillas. Veinte minutos después, el convoy llega sin novedad al centro de Mostar, donde se parapeta dentro de unos soportales. A diez metros se distinguen con claridad las huellas de cinco granadas.

-10.30. La invasión de los niños. El relevo de los convoyes es el entretenimiento del día. La gente se asoma a las ventanas.

Decenas de niños aparecen de la nada. Tratan de escalar los BMR en busca de golosinas. Han aprendido un lenguaje básico: amigo, caramelo, bombones, chicle, tabaco y coño. Las personas mayores cruzan a la carrera una de las calles con francotiradores. Llegan para pedir cigarrillos y comida. El sargento Jaime,que lleva en la zona desde julio, se deja en unas horas un cartón de tabaco.

- 12.00. Reunión con la Armija. Gambín negocia con el jefe de la 41ª brigada de la Armija, Esad Humo, una nueva ruta de entrada para los convoyes y los detalles del traslado de autoridades políticas y militares musulmanas al cuartel español de Medjugorje para una reunión con el HVO crota. Motivo: intercambio de presos.

- 14.30. Hora del almuerzo. Los soldados se turnan para comer. El almuerzo se realiza dentro del BMR. Casi de forma clandestina. "Parece inmoral hacerlo allí fuera", reconoce Gambín. El menú número 1 de la ración de campaña se compone de una lata de lentejas con chorizo, una de caballa, unas galletas y sobre de café instantáneo. La caja lleva pastillas de carburante sólido para calentar el primer plato. Sabe bueno.

- 15.00. Llega el camión del agua. El grifo de Mostar se abre todos los días a la misma hora y en el mismo sitio: al lado de la posición de los cascos azules españoles. Dos hombres de la Armija operan el servicio. Uno abre el grifo. Y otro lo cierra. Delante de ellos se extiende una fila de mujeres cargadas de bidones y cachivaches. Nadie se cuela. Todas guardan el turno.

- 17.20. Mostar se queda a oscuras. Cuando el sol se pone por el sector croata, el lado musulmán se queda a oscuras. Es una ciudad fantasma. Está prohibido encender los faros de los coches. Sólo circulan dos o tres. Son de la Armija, los únicos que tienen gasolina. En las casas se habla a la luz de una vela. El comandante Fajardo, el médico, escribe con pluma, sentado en la ambulancia. Es intensivista. Vive en Sevilla. Parece muy afectado por la tragedia que se vive a su alrededor. "Se implica inucho", reconoce un miembro de Médicos del Mundo que intenta introducir en Mostar un equipo de médicos españoles para reforzar el hospital de la Armija.

-20.00. Invitación a café y rakya. La familia de Safet, un alto mando del espionaje de la Armija, nos invita a tomar café en su casa. El sargento Jaime es allí una autoridad. Le quieren como a un hijo. La familia habla de él y de Durán, otro legionario, con devoción. Han sido sus suministradores de café, tabaco y azúcar. "Son gente amable. Ofrecen todo lo que tienen", dice Jaime. Un hijo de Safet que habla inglés sirve de traductor.

- 23.00. Hora de dormir. Cada BMR organiza una guardia. Un soldado por vehículo se queda despierto haciendo recuento de las granadas y los disparos. El sargento Lucas enseña a Berkan el método: "Cuando oigas muchos disparos, apunta 20 o más". Todos buscamos acomodo. Unos encima del BMR. Otros dentro. El suelo está duro. No hace mucho frío, pero empieza a llover. Durante el sueño se oyen muchos disparos. Berkan debe tener mucho trabajo. Caen varias granadas muy cerca del hospital de la Armija. Una persona muere en el edificio que está encima de nosotros. Su habitación daba al otro lado, al frente. "Éste ha caído muy cerca", dice el soldado Luis Miguel Mayordomo tras escuchar una detonación.

- 7.00. Diana. El sargento Lucas toca diana con un grito. Todos se ponen en movimiento. Mayordomo es el encargado de hacer café. Lucas resume al teniente Gambín el parte de incidencias. La noche no ha sido muy movida: 150 granadas. Dos horas después aparece el relevo. Empieza un nuevo turno. Se inicia la marcha hacia Dracevo. La misión ha terminado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 05 de octubre de 1993.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50