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Cuatro familias de Colmenar Viejo enfrentadas por ocho gallinas

Las ocho gallinas de Dionisio, un jubilado de Colmenar Viejo (27.000 habitantes), han originado una curiosa decisión municipal. Doce corrales urbanos, incluido el de este vecino, han sido declarados ilegales. Todo por las protestas de unos vecinos que han convencido al gobierno municipal, del Partido Popular, de que las gallinas no deben vivir en el centro del pueblo, para sorpresa de los más viejos del lugar.

"Es un entretenimiento,, una fórmula para ahorrar algo de dinero, un capricho para disfrutar con los nietos". Así opinan los ancianos colmenareños, que aún cuidan gallinas y conejos en sus patios blancos, y ofrecen restos de comida a los gatos callejeros. Sin embargo, el estado de corrales como el de la calle de los Frailes, 32, han alarmado a las autoridades municipales después de provocar duros enfrentamientos verbales entre el vecindario.Dionisio, el dueño de las gallinas criadas en el solar de la calle de los Frailes, propiedad de la familia de Los Comelios, niega lo principal. "Las gallinas ya no existen", responde. Después, ante pruebas evidentes, reconoce que de 200 ejemplares que ha llegado atener ya sólo le quedaban ocho cuando, hace una semana, fue denunciado. Y aún le restan tres por regalar a sus amigos. En la casa de Dionisio nadie se atreve a cocinar las gallinas. Además de haberlas visto nacer, han sido sobrealimentadas por las cuatro familias que arrojan diariamente desperdicios por las ventanas, como pudo comprobar la médica municipal.

Un vecino, Leandro Domínguez, denunció en el Ayuntamiento el foco de infecciones ocasionado por el corral situado debajo de su terraza. Otros vecinos achacan la suciedad a sus parientes, que viven en el piso superior y con quienes mantienen una guerra declarada desde hace unos cinco años.

Para terminar con estos enfrentamientos, el portavoz del Ayuntamiento, Alejandro Moríñigo, declaró ayer que el Ayuntamiento está dispuesto a hacer cumplir el Reglamento de Actividades Molestas, Nocivas e Insalubres. Las normas prohíben expresamente que en los pueblos de más de 10.000 habitantes existan establos, vaquerías y corrales dentro de patios de vecindad y en el casco urbano.

Ahora, Dionisio y sus amigos jubilados ya no podrán llamar la atención por las calles colmenareñas con sus cestos de huevos de corral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de septiembre de 1993

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