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Filipinas recupera la fe en el milagro

El Gobiemo pide la colaboración de los evasores de capital, para sacar al país del atraso económico

ENVIADO ESPECIAL La mendicidad infantil es tan frecuente en las calles de Manila como imbatibles son la corrupción, el caciquismo político o la delincuencia. Y, desde hace meses, cientos de miles peregrinan al encuentro de la Virgen María en una travesía que castigan los monzones y gratifica la fe en el milagro. La desesperanza en una redención terrenal engrosa estas columnas de penitentes hacia la colina de la Aparición, en la población norteña de Agoo. Pero, por vez primera en muchos años, Filipinas comienza a prosperar y el Gobierno confía en su propio milagro. "Somos un país con futuro", declaró recientemente el presidente Fidel Ramos, ganador de las elecciones generales de mayo de 1992.

La publicidad de los mejores restaurantes de la capital no destaca ni el menú, ni los buenos precios. "En este local no hay apagones", se subraya en la puerta de los locales. No es para menos. Manila, con un tráfico que invita al asesinato, sufre apagones diarios de cuatro a ocho horas debido al lamentable estado e insuficiente número de sus anticuadas centrales de suministro, y este déficit energético constituye uno de los principales obstáculos en los planes gubernamentales por desmantelar los monopolios, modernizar el campo y la industria, hacerlos competitivos y abandonar la cola en la clasificación de países del este asiático con menor ritmo de desarrollo. "Conviene ser moderadamente optimistas", precisa un embajador comunitario.

Un proceso doloroso

El proceso hacia el milagro será necesariamente doloroso en una nación con 34.000 millones de dólares de endeudamiento exterior, 800 dólares de renta per cápita anual y necesitada de profundas reformas estructurales. La mayoría de los numerosos magnates locales que se enriquecieron durante la dictadura de Ferdinand Marcos, denunciados como grandes sinvergüenzas, en poco han contribuido a remontar la pobreza de sus compatriotas. El Gobierno les pide ahora generosidad en la repatriación del capital evadido y en el cumplimiento de sus obligaciones impositivas.

Aunque las disposiciones aprobadas en los dos últimos años están liberalizando una economía bloqueada durante 25 años, pasarán muchos más antes de que el archipiélago del Pacífico colonizado y esquilmado por españoles, japoneses, estadounidenses y el clan de los Marcos alcance a los nuevos dragones asiáticos, y sus habitantes disfruten de unas condiciones de vida más dignas. Pero al menos se ha invertido la curva de algunos indicadores, contrariamente a ejercicios anteriores, con crecimiento cero o negativo. Filipinas registrará este año un aumento del producto interior bruto del orden de los dos puntos y medio, según los cálculos más fiables.

"La presidenta Corazón Aquino, durante sus seis años en el Gobierno, bastante tuvo con abortar los seis golpes militares. Ramos trabaja mucho, tiene buena imagen, y ha conseguido una atmósfera de estabilidad política", reconocieron las fuentes diplomáticas. Sus esfuerzos por acabar con décadas de cruenta rebelión musulmana y comunista, mediante amnistías y el ofrecimiento de autonomía territorial, están surtiendo efecto y la actividad guerrillera remite. Pero la magnitud del desafío por delante en un país que salió de la dictadura hace siete años y se independizó en 1946 ha atemperado el inicial entusiamo de la Administración, empeñada ahora en acelerar su "diplomacia económica" y la exportación de productos manufacturados hacia la Comunidad Europea. El objetivo primero fue crecer 4,5 puntos, después 3,5 y por último acercarse a los tres puntos con la ayuda del sector agrícola, pesquero y forestal. La crisis energética, que obliga a cierres de factorías y aumenta el índice de desempleo, en Manila llega al 24%, y se prolongará, pese a que su conclusión estaba prevista para finales de año.

Lárnasiva evasión de capitales y la escasamente atractiva imagen de Filipinas entre los inversores extranjeros, deteriorada por la sucesión de secuestros y un marco legal todavía restrictivo, ha retrasado asimismo la recuperación. Su gravedad queda reflejada en esta cuantía oficial de las inversiones regionales efectuadas por Japón el pasado año: Indonesia atrajo 1.676 millones de dólares en capital nipón; China, 1.070 millones; Hong Kong, 735; Malaisia, 704; Singapur, 670; Tailandia, 657; Taiwan, 292; Corea del Sur, 225, y Filipinas, 160 millones. En una conferencia pronunciada en Manila el 19 de noviembre de 1992, Lee Kuan Yew, el gobernante que promovió el auge de Singapur subordinando cualquier libertad civil a aquellas encaminadas a prosperar económicamente, descalificaba el pluralismo filipino y proponía su propio concepto de democracia. "No creo que Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong o Singapur hubieran triunfado de haber tenido que trabajar con una Constitución, modelo norteamericano, en la que la interminable discusión de cualquier asunto es una forma de vida". Ramos respondió que sin democracia no hay verdadero desarrollo, pero casi un año después de aquella protestada amonestación se escuchan voces en Filipinas que piden menos concertación social y más medidas expeditivas en la gestión de gobierno, y el Fondo Monetario Intemacional ha condicionado nuevos préstamos a la aplicación de un severo programa.

En la reunión del pasado día 8, en la que 800 empresarios, funcionarios, técnicos y sindicalistas discutieron sobre la crisis, el presidente del Senado, Edgardo Angara, propuso la devalución del peso. Calculó que, con un crecimiento anual del 3% y un demográfico del 2,4%, Filipinas necesi-, tará 116 en doblar su renta per cápita. La devaluación fue desestimada pero muchos expertos advierten que, mientras el país no haga lo que han hecho los vecinos y esté dispuesto a soluciones drásticas, no se saldrá adelante. Uno de ellos es Antonio Abaya. "Mi impresión es que este tipo de reuniones no conducen a nada claro. A veces lo único que se consigue es reiterar puntos de vista de imposible conciliación. El presidente Ramos debería reconocer que se ha agotado el tiempo para el consenso y que debe actuar. Llevar a cabo, de una forma decidida, aquello que considere que es lo mejor para el país".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de septiembre de 1993