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El error checoslovaco

La división de hace 4 meses acelera la decadencia eslovaca y la crisis económica checa

Cuatro meses después de la partición de Checoslovaquia, es ya evidente que, a corto plazo, las dos partes han salido perdiendo. La economía checa ha sufrido un grave golpe al perder su principal mercado, y el descenso a los abismos de los eslovacos se ha acelerado. Pero, a medio plazo, los neoliberales de Praga creen haberse deshecho de un pesado fardo para correr más veloces hacia la economía occidental. En Bratislava se admite ya que la nueva frontera entre pobres y ricos pasará entre las dos repúblicas.

ENVIADO ESPECIALPara Milos Zeman, presidente del Partido Socialdemócrata Checo (CSDS) y líder indiscutible de la oposición en Praga, "la separación de Checoslovaquia representa la desesperación y no la sabiduría política, es como una amputación, ha sido una cosa muy triste". Zeman cita a Adam Michnick para indicar que en las sociedades postotalitarias "surgen partidos de derechas de tipo leninista". En Checoslovaquia, añade, había dos de estos partidos, el Movimiento para una Eslovaquia Democrática (HZDS) del populista Vladimir Meciar, y el Partido Democrático Cívico (ODS) del neoliberal checo Vaclav Klaus. Pese a sus diferencias ideológicas, "son muy similares, ya que los dos están regidos por un solo jefe sin ninguna personalidad real a su alrededor, lo que les impide recibir ningún eco de su gestión y los hace incontrolables"."La única solución era la división porque era lo que les interesaba a los dos", sentencia el político socialdemócrata. "Nosotros pedimos un referéndum porque la gente estaba en contra de la división, y por eso no se organizó". Cuando empezaron las tensiones separatistas parecía evidente que no eran los checos los que pedían la separación, sino los eslovacos, que acusaban a Praga de todos sus males y soñaban con su bandera en la ONU. Pero ahora, como en un acto de prestidigitación, se han cambiado las tornas. La última encuesta de la Oficina de Estadísticas Eslovaca indica que a la pregunta de si el país ganó o perdió con la independencia, un 51% considera que perdió y sólo un 32% sigue pensando que fue algo positivo. Los eslovacos y la mayoría de los políticos de la oposición en Praga insisten en que la división del país fue una astuta maniobra de Klaus, que forzó al ingenuo Meciar a caer en su propia trampa.

No hay marcha atrás

Pero lo hecho, hecho está, y nadie se plantea ya una marcha atrás. En Bohemia y Moravia -las tierras checas, entre la opinión pública se percibe una combinación de alivio y pena, mezclada con el tradicional desprecio condescendiente para con esos "campesinos" eslovacos por "haber querido irse". Ivan Klima, uno de los más importantes escritores checos de este siglo, no lo dice con estas palabras, pero recuerda que Eslovaquia nunca existió, ni política ni culturalmente, hasta finales del siglo pasado, y apunta el hecho de que su clase dirigente vio el año pasado cómo se entreabría una pequeña ventana para hacerse con un Estado, ya que el único que habían tenido fue el creado por los nazis y presidido por el sacerdote Joseph Tiszo, que fue ejecutado tras la guerra.Incluso en Bratislava, gente como el líder democristiano eslovaco Frantisek Miklosko, cuyo partido fue uno de los primeros en sugerir la separación, considera ahora que "tal vez los checos nos echarán de menos espiritualmente, porque éramos un contrapeso moral, pero la diferencia entre checos y eslovacos va a ir aumentando cada vez más, mientras Eslovaquia se desliza inevitablemente hacia el Este. No tenemos aliados, estamos solos".

La situación es desesperada; el desempleo aumenta cada día, las reservas del Estado se agotaron hace ya tiempo, la inversión extranjera es prácticamente nula y el Gobierno presidido por Meciar se tambalea, mientras su partido -una extraordinaria mezcla de las tendencias más heterogéneas- está a punto de desintegrarse.

Para Miklosko, "sólo una catástrofe a corto plazo que provoque la caída del Gobierno nos salvará. Pero esta catástrofe podría degenerar en violencia. Creo que Meciar ha puesto el país camino de una guerra civil".

Desestabilización

Una situación desestabilizada, añaden algunos observadores, podría acabar incluso físicamente con este joven país. En un pequeño territorio, rodeado de vecinos que siempre han sido hegemónicos, viven 5 millones de personas, de las que 600.000 son húngaras y unos 300.000 gitanas, además de importantes minorías como la ucrania y la polaca. Cualquier conflicto con estas minorías podría provocar la intervención de sus vecinos protectores.Ivan Laluha, vicepresidente del Parlamento eslovaco y miembro del partido de Meciar, pretende dar una visión más optimista. Lamenta lo excesivamente rápida que fue la separación y reconoce "la gran responsabilidad" que tienen ahora los políticos eslovacos. No lamenta la división, pero admite que fue hecha en un momento en el que no se daban todas las condiciones, "aunque era el momento político". Son dos, en su opinión, los problemas: "crear el Estado y estabilizar la economía". Pero reconoce que, con vistas al exterior, Eslovaquia prácticamente no existe. Como la mayoría de sus compatriotas, Laluha pide ayuda a Occidente, se queja de que no llega y confía ya sólo en la providencia divina, un recurso muy apropiado para este pueblo cuya mayor seña de identidad es su profundo catolicismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de mayo de 1993