Cien días, mil movimientos
Todos los presidentes de EE UU, desde Franklin Delano Roosevelt, han visto su reputación estirada o acortada por un instrumento periodístico procrusteano denominado los cien primeros días. La prueba de los cien primeros días es, por supuesto, fundamentalmente estúpida. Como Arthur Schlesinger señaló recientemente en las páginas de opinión del diario The New York Times, Roosevelt accedió al cargo en un momento tan calamitoso que el Congreso "no se atrevió a decirle no". Ningún presidente se ha enfrentado desde entonces a una crisis comparable. ( ... ) La verdad de los primeros cien días de Clinton es más provisional. Ha alcanzado varios logros importantes. Consiguió que el Congreso aprobara en un tiempo récord su proyecto de presupuestos, y respondió valiente y generosamente a la petición de ayuda de Yeltsin. (...)Sin embargo, se han. dado también muchos pasos en falso, empezando con su accidentada búsqueda de una fiscal general y siguiendo con la chapucera negociación de las medidas de reactivación de la economía. (...)
Clinton ganó las elecciones en parte porque se centró en un mensaje ("¡es la economía, estúpido!"), a pesar de su tendencia a moverse en mil direcciones a la vez. Es todavía pronto, y cien días no significan tanto. Pero una de las lecciones que puede aprender de su desplome en Washington y en los sondeos es la de no confundir el movimiento con el progreso.
, 30 de abril


























































