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Médicos de Pittsburgh anuncian en Barcelona un próximo trasplante de hígado de mandril

Los dos pacientes que fueron sometidos a un trasplante de hígado de mandril en los últimos meses murieron, contrariamente a lo que los médicos habían creído, a causa de un tipo larvado de rechazo que dañó gravemente el órgano trasplantado. El equipo de Thomas E. Stalz ha logrado identificar los mecanismos de esta forma de rechazo, según anunciaron dos de sus miembros ayer en Barcelona. A pesar de estas muertes, los especialistas están convencidos de que ésta es la única alternativa frente al descenso de donaciones y anunciaron un próximo trasplante.

Antes de fin de año lo intentarán de nuevo. El programa experimental autorizado a la Universidad de Pittsburgh (EE UU) incluye cuatro trasplantes de hígado de mandril, y el equipo de Thomas E. Stalz espera tener a punto para entonces una droga capaz de superar la soterrada forma de rechazo que provocó la muerte de los dos primeros pacientes. Así lo han anunciado John Fung y Rafael Mañaz en un congreso sobre trasplante hepático organizado en Barcelona por la ciudad sanitaria de Vall d'Hebrón para celebrar su trasplante hepático infantil número 100.Los dos pacientes trasplantados en Pittsburgh murieron, respectivamente, 79 y 17 días después de la operación. En ambos casos, la causa de la muerte fue un proceso infeccioso que los médicos atribuyeron al estado general de los pacientes, afectados ambos por una cirrosis hepática en fase terminal y uno de ellos enfermo de sida. Pero cuando los cirujanos diseccionaron el hígado trasplantado se encontraron con un órgano fuertemente deteriorado. "En realidad, las infecciones eran consecuencia del rechazo", explicó Rafael Mañaz, miembro del equipo de Stalz.

Veneno de cobra

Se trata de un tipo de reacción muy similar al rechazo hiperagudo que sufren los enfermos de riñón sometidos a muchas transfusiones. Estos pacientes acaban desarrollando una hipersensibilidad que impide el trasplante, pues su organismo produce gran cantidad de un tipo de anticuerpos que se generan como defensa frente a los cuerpos extraños. Estos anticuerpos tienen la misión de atacar al intruso hasta destruirlo, y lo hacen depositándose en las paredes de los conductos sanguíneos hasta producir la necrosis del órgano trasplantado.El equipo de Pittsburgh había previsto esta posibilidad y por eso sometió a sus pacientes a altas dosis de una nueva droga inmunosupresora, la FK 506, derivada de la ciclosporina, pero mucho más selectiva. Ninguno de los síntomas habituales de este tipo de rechazo se manifestó después de la operación; al contrario, todas las pruebas indicaban que no había rechazo. Pero se estaba produciendo. Y así pudieron comprobarlo tras la muerte de los pacientes: el hígado estaba repleto de bilis y había depósitos de anticuerpos en las paredes vasales, aunque en cantidades muy inferiores a las de un rechazo hiperagudo.

"Afortunadamente conocemos la enzima que controla la producción de estos anticuerpos, y ahora se trata de bloquearla para evitar el rechazo", explica Mañaz. Existe una sustancia muy eficaz capaz de bloquear esta enzima, pero de poco sirve, pues se trata del veneno de cobra. "Estamos probando varias drogas inmunodepresoras y creemos que podremos encontrar una solución a este problema".

El equipo de Pittsburgh trabaja contrarreloj, convencido de que el trasplante de órganos de animales es el futuro. Y además un futuro que no puede tardar demasiado. "Cada día crece de forma dramática la diferencia entre el número de enfermos candidatos al trasplante y el número de órganos disponibles", dijo ayer Carles Margarit, responsable del programa de trasplante hepático infantil de Vall d'Hebrón. "El 25% de los niños pendientes de trasplante muere en lista de espera por falta de órganos", añadió. También en España hay menos donaciones por el descenso de la mortalidad por accidente de tráfico.

Stalz espera poder realizar el tercer trasplante de hígado de mandril como muy tarde a final de año. Como en los dos casos anteriores, se seleccionará un enfermo con cirrosis terminal por hepatitis B. Estos enfermos no son candidatos al trasplante humano porque el nuevo órgano sería atacado por el virus. El hígado de mandril, en cambio, no parece ser vulnerable a la hepatitis B.

En cualquier caso, el programa seguirá adelante. Ya lo dijo Slatz tras la muerte de sus pacientes: "La única forma de avanzar es probar. Hemos aprendido más en estos dos trasplantes que en 20 años de experimentos con animales".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de abril de 1993

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