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Crítica:CLÁSICA
Crítica

Casi un milagro

Nunca oí nada igual. Con el Cuarteto de Tokio, pudimos, al fin, ver que el rostro de la belleza es inquietante y produce escalofríos. No son los tres japoneses y un canadiense que lo forman, de esta galaxia. Asumen con tal naturalidad la técnica al servicio del arte que, de repente, comprendemos con exactitud lo que únicamente intuíamos de lejos. La realidad se manifiesta distinta (quizá otra, quizá ninguna) al percibir esa pulsación interior de cuatro instrumentos de cuerda conjuntados en el mismo aliento, con la misma tensión expresiva.Las transiciones en Haydn, la transparencia esperanzada de la forma clásica, la alegría del minueto, la cálida melodía del adagio o la claridad juguetona del final, se tornaron en Bartók en un arrebatado viaje al interior de la sensibilidad, de la oscuridad a la luz en el Cuarteto número], del dramatismo a la maestría estructural en el tercero. De verdad, no se puede tocar mejor.

Cuarteto de Tokio

Haydn: Cuarteto opus 76, número 4. Bartók: Cuarteto de cuerda 1 y 3. Auditorio Nacional (Sala de Cámara), Madrid, 16 de marzo.

La Sala de Cámara no se llenó. Esto indica que la afición musical de Madrid está en la uvi. Hoy, los de Tokio vuelven a actuar con otros cuartetos de Haydn y Bartók. Corran a por una entrada. Pocas veces podrán sentir tan cercano un milagro.

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