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Yeltsin abre en Washington una nueva era en las relaciones con Estados Unidos

Los acuerdos de índole económica, militar y política alcanzados por Borís Yeltsin durante sus dos días de reuniones con el presidente norteamericano George Bush constituyen el marco de una nueva era de colaboración entre Estados Unidos y la Rusia democrática. Con sus revelaciones sobre el pasado, desde la Revolución de Octubre hasta el golpe de agosto de 1991, Yeltsin ha querido arrojar al comunismo, a Gorbachov y toda la época que se llamó perestroika (iniciada en 1985) al basurero de la historia.

Y para reforzar esta posición, la dirección rusa ha presentado en la Biblioteca del Congreso una colección de documentos incriminadores. Según uno de ellos, Alexandr Yakovlév, el cerebro de la perestroika, tan respetado en Occidente por su capacidad intelectual, recomendó simultanear los juicios contra algunos disidentes en la Unión Soviética con el procesamiento de jóvenes norteamericanos que no querían ir a Vietnam en 1971.El total de siete acuerdos firmados, entre la veintena que se proyectaba inicialmente, incluye una carta de cooperación y amistad, un entendimiento para realizar sustanciales reducciones en los arsenales estratégicos, un tratado de doble imposición y otro de inversiones.

Yeltsin, que había acusado a Estados Unidos de tratar de obtener ventajas unilaterales poco antes de salir de Moscú, se comprometió en Washington a recortes que ponen en entredicho sus intenciones originales. El lider ruso actuó por iniciativa propia, según manifestaron medios de su delegación.

En el campo económico, Yeltsin ha conseguido que la Administración de Bush abogue en favor del apoyo financiero a Rusia tanto ante su propio Congreso como ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta institución y el Gobierno ruso han discrepado en torno a varios temas, como la subida de los precios del combustible y la estabilización económica.

Futuro del rublo

Un problema importante es el futuro de la zona del rublo. El Fondo desea un compromiso político entre los países producto de la desintegración de la, URSS que hoy utilizan esta moneda, y Rusia quiere una autoridad en política monetaria. El ministro de Relaciones Económicas Exteriores de Rusia, Piotr Aven, dijo que la única opción posible son monedas distintas o un solo banco central emisor.Yeltsin consiguió algo que jamás había conseguido Gorbachov, a saber, acercar el destino de Rusia al destino de EE UU y acercar el sufrimiento del Gulag a las familias norteamericanas, mediante las revelaciones sobre los prisioneros de guerra que tal vez se encuentren vivos en algún lugar de aquel país.

Las revelaciones de Yeltsin pretendían alejar a Gorbachov y el mundo que éste representaba del corazón norteamericano, porque Yeltsin hizo hincapié en que el antiguo dirigente soviético sabía de todo esto. Sin embargo, no está claro en qué medida Gorbachov conocía el supuesto problema ni está claro en qué medida Yeltsin podrá responder con información veraz a las expectativas creadas.

Yeltsin se entrevistó ayer durante 20 minutos con Bill Clinton, el candidato demócrata a la presidencia norteamericana, poco antes de partir hacia Wichita, en Kansas, para visitar las explotaciones cerealeras de las cuales es el principal cliente.

Uno de los grandes triunfos de Yeltsin en Washington ha sido que ha sintonizado perfecta y cómodamente con su auditorio sin dejar de ser él mismo, con su estilo habitual, franco y directo. Yeltsin ya no es el oso siberiano cuyo abrazo se teme porque viene de parajes misteriosos. Ahora es norteamericano, parece de Texas y es anticomunista visceral. El éxito cosechado por Yeltsin en EEUU, sin embargo, no significa necesariamente un éxito entre sus conciudadanos en Rusia, que viven los problemas cotidianos de forma agobiante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de junio de 1992